Como en un partido de fútbol, el sábado sentí que, finalizando la noche, estaba empatando. De un lado de la cancha estaba yo, embarrado, con actitud de perdedor (como siempre). Del otro lado estaba ella, radiante, rubia, ganadora, segura. Y… bah… con el lugar asegurado, no?.
El sábado volvimos a cruzarnos Leandro Yogui y yo por la noche porteña. De manera más que casual, claro. Como siempre termino haciendo exactamente lo contrario a lo que los planes dictan, de castigo, terminé en un bar amigo tomando buenos tragos, pero encontrándome a gente que, en el estado etílico en el que estaba, no debía encontrarme.
Si algo malo tienen aquellas personas que se declaran “bisexuales” es la impunidad de ir y venir sin dar demasiada seguridad. Pues, claro, como están en esa eterna etapa de transcisión uno tiene que perdonarles cualquier desliz, cualquier episodio dubitativo. Creen que tienen derecho en ir y venir como se les canta, pues su elección “”"”momentánea”"”" se los permite y justifica.
Yo soy de los que creen que la bisexualidad en la mayoría de los casos es un momento de duda, que uno termina definiendo siempre para algún lado. No es que peque de obtuso, pero la empiria me ha demostrado que algo (aaaalgo) de razón tengo. O al menos me he cruzado a bastantes infradotados que no saben pa que lado arrancar. Felicitaciones a aquellos que conviven en esa dicotomía de por vida.
Cuestión que el nuevo drama de nuestro guía espiritual el fin de semana residía en “¿CON QUIEN ME QUIERO IR A REVOLCAR?”. En algún punto mi presencia en el bar le resonaba, pues yo creo que si estoy bien con mi novia y la super amo (como dijo la semana pasada en una charla cualquiera) lo primero que pienso es en irme a casa con ella. Pero no, el pibe tenía ganas de que yo amaneciera en su casa. Y yo, claro, le encontré el lado divertido a la situación y saqué a reludir toda la histeria que nunca había utilizado en mi vida. TODA. Nunca me sentí (y perdón a quien ofenda) tan puto en los últimos años. No pude parar en toda la noche. Desde el momento que me lo crucé por primera vez y vi que estaba con ella, me aproveché de la situación (casi) mafiosamente. Una especie de extorsión contenida. La pelota en el medio del campo, esperando ver a dónde es pateada.
Y una vez pateada yendo y vieniendo en la pista, y con cada trago veía como mi defensa se debilitaba ante los fuertes mediocampistas y delanteros rubios que creaban estrategias maravillosas (abrazos, agarradita de la mano y esas cosas estúpidas que hacen las novias inseguras). Mi arquero salió a la defensa como (casi) último recurso (borracho) encerrándolo en el baño y (cosa que nunca había hecho con él) agarrándolo del mentón, y besándolo tan violentamente que no quedó más opción que abrir la charla:
Leandro Yogui
“¿Qué te pasa? Estás… borracho evidentemente. Pero no entiendo esta especie de violación express…”
Juanjo
“Me dteneés pelotudsdo con tusdd duddassd de mierwda”
Lenadro Yogui
“Sabés que pongo lo mejor de mí para definir esto, pero por ahora elijo todo, elijo el todo. El universo me provee de varias cosas y yo elijo… esto. Más no te puedo dar. Y hoy puedo elegirte a vos. Tengo ganas de coger con vos”
Juanjo
“…..”
Lenadro Yogui
“La ubico (UBICO) a Mariela con sus amigas y vamos”
El resto usen a imaginación. Fue maravillosamente cruel. Me victimizo. Y lo confieso: ME ENCANTA. Soy un masoquista exquisito. Una piltrafa utilizable. Lavable. De envase retornable. Puedo ser más. Pero el partido está por terminar y, en las circunstancias que me encontraba el domingo a la mañana, necesité patear el primer penal yo.
Categorías: La Investigación · Leandro Yogui
Etiquetado: 100, gay, gays, kim y novak, masoquismo, putos, telenovela, yoga
Dado que la semana no fue del todo buena (estoy siendo mesurado con mis palabras) decidí que el fin de semana debería ser todo lo contrario. Así que el viernes salí de la oficina con una postura fuck off a la vida. Creo que hasta que llegué a casa respondí unas doce veces “me chupa un huevo” a cualquier pregunta que me hicieran. Una vieja habladora me quiso dar charla en el subte, acerca de la lluvia. Le respondí correcta y tranquilamente que la lluvia me chupaba un huevo. Y la señora no supo qué decirme. Lo cual duró dos minutos, pues enseguida encontró algo para decirme
Vieja Hinchapelotas
“¿Pero por qué te chupa un huevo, como decís?”
Juanjo
“¿Debería quitarme el sueño?”
Vieja Hinchapelotas
“No se si tanto, pero al menos molestarte. A mi me molesta, por ejemplo”
Juanjo
“No afecta demasiado en mi vida, así que no. No me molesta”
Vieja Hinchapelotas
“¿Cómo hacés para ser neutral con algo que no elegís? Digo, vos no elegís entrar al subte mojado, la naturaleza te obliga a tal cosa. Yo, por ejemplo, me pongo molesta con eso. Me pregunto si es una cuestión de energía”
Juanjo
“En dos estaciones me bajo y no pienso tener una discusión metafísica con usted”
Vieja Hinchapelotas
“Tampoco tanto. Yo…”
Juanjo
“USTED, POR EJEMPLO… sí ya se lo que me va a decir, que usted no sería tan cerrada y que soy un mal educado, que no le tengo respeto y que no me importa un carajo nada de nada. Haría bien, soy eso y más.”
Me levanté y me bajé. Y me sentí un pelotudo. Me sentí un insatisfecho de mierda. Me sentí eso que estaba negando: un mal educado (no me educaron para ser tolerante y buen niño, sino todo lo contrario), un irrespetuoso y sobre todo un desinteresado, no tengo iniciativa, ni siquiera, para modificar mi vida. La vieja hincha pelotas me estaba dando pistas para empezar a entender hacia dónde tengo que ir y la dejé pasar. Me comporté como el buen intolerante que soy y no le permití siquiera mostrarme a dónde quería llegar. Uno cree que esas cosas solo ocurren dentro del guión de una película, pero no. Por lo visto hay desconocidos que tienen claves para la vida de otros desconocidos. Yo no hice caso. Y como no hice caso seguí con mi historieta del fuck off y no me importó nada y lo llamé a Leandro Yogui para ir al cine, o al teatro o a lo que carajo fuera. Optó por algo más feliz: ir a bailar a un boliche (ultra, mega) careta en Palermo. Armé banda para tener airbag por las dudas (Inés, Juli, Nacho y Ale) y le dije que sí. Y fue lo más inteligente que hice en meses, pues las pocas veces que nos encontramos entre la gente lo único que hacía era histeriquear y contarme que su novia había salido “por su lado”. Las dos caras de la moneda. Me calentaba contándome qué haríamos en la próxima clase (no, no deliro, prometió cosas que no corresponden a la rutina del swasthya yoga) y al rato me hablaba de esa rubia estúpida.
Me quedaré con la duda si la vieja sabía si yo tenía que intentar cortar con la lluvia o simplemente comprarme un paraguas y adaptarme a ello.
Categorías: Leandro Yogui
Etiquetado: 100, buenos aires, gay, gays, putos, telenovela, yoga
Voy a sonar frívolo con mi comentario, pero me urge la necesidad de comentar algo que me viene molestando hace ya unos exactos siete días. De hacer una encuesta creo que el 50% de los encuestados me diría que no es para tanto, que se sobrevive. el otro 50% (donde quedaria yo dentro, autoencuestado, claro) diría que es infrahumano. Yo sé que solo es una semana, que no es tan grave. Pero ultimamente no se qué me pasa.
Se pueden pasar épocas de sequía, épocas de hambruna. crisis de todo tipo. la economía del país puede ir de mejor en peor, uno puede darse más o menos lujos… pero el sexo, sí señoras y señores, el SEXO se me ha vuelto una variable bastante complicada.
¿Es manejable la abstinencia sexual en una ciudad donde las posibilidades se suponen infinitas?
Porque parece que a uno se lo hicieran a propósito, el mundo entero está garchando frente a tus ojos y solamente te podés limitar a aplaudir por tal suceso y sentir cierta envidia por aquellos bienaventurados que consiguen orgasmos con algún tipo de frecuencia que uno ya cree haber olvidado. Ayer volvía a la madrugada de la casa de Inés y me preguntaba cuántas personas estarían teniendo un orgasmo en ese momento (sí! me imaginé los gemidos al unísono de Amelié o de La Gran Seducción).
Ejemplo Nº1: mi amiga lesbiana. Juli hace meses que no encuentra a la femme fatal que sea digna de adentrarse e sus aposentos y compartir un poco de lujuria. Si algo tenemos en común con Juli es el complicado gusto por los apasionados. Ambos detestamos a aquellas personas que se tiran sobre la cama como una almohada más y esperan que uno haga todo el trabajo solo (a riesgo de, si la situación no remonta, llevarnos toda la culpa). Juli y yo pasamos años seleccionando cuidadosamente el “objeto” de deseo, que llene cada uno de los casilleros que le dan cuerpo a tal concepto: el deseo.
claro que tenemos nuestros muerto en el placard, pero los años (y eso que ella me lleva 15) le van enseñando a uno como no terminar agarrándose la cabeza a la mañana pensando que ha pasado. Juli recapacita sobre su período de abstinencia pero no le quita demasiado tiempo pensar en ello. Ni esperanzas.
Ejemplo Nº2: Nacho. El muy descarado suele llorar por sus períodos de inactividad en los asuntos de alcoba, pero si algo hay que recono cerle al muchacho es su bonita agenda negra. Felíz con su prolongada (para nada negativa) soltería, el jovenzuelo consigue carne cuando se lo propone, así corran tiempos de vacas flacas (o de altas retenciones, suponte). Tiene a su disposición un “pequeño” ejército de bellos muchachos que le abren gustosamente las puertas de sus dormitorios y de sus más pecaminosas fantasías. Hasta alguno de estos soldados le confiesan desaforadas declaraciones de amor.
Ejemplo Nº3: comparten el puesto por cuestión de proxémica y porque mi conocimiento de causa es escaso y no da para discurrir con cada uno de ellos: la prima depresiva de Inés (que está viviendo en su casa) y mi vecino “el cogedor”. Este último el culpable de la problemática del día. Parece que el bello muchacho (sí, mi vecino de al lado, hijo de “la que grita” está buenísimo) aprovecha al máximo sus mañanas. Tanto que el sexo para él es como para mi el café con leche y tostadas. Total que a las 7:30 de la mañana lo que para Charles Ingalls era un plumón gallo cantor, para mí con una serie de gemidos a un volúmen tan poco prejuicioso que terminan por traspasar la antigüa pared que separa nuestros dormitorios (creo) y despertarme a tal nefasta hora de la mañana para desesperarme por la inquietud hormonal que corre por mi cuerpo.
Peor aún esta mañana, porque mientras yo estaba teniendo un sueño de los más onanista c on cierto actor secundario de las telenovelas de la tarde (cosa inexplicable y que me da vergüenza) el vecino simpático contribuía con la banda de sonido, no solo arruinando las bonitas imágenes que mi subconciente estaba creando, sino que además me provocó cierto enojo justificado unicamente por mi separación repentina de Santino.
Por otro lado en la habitación contigüa al living de Ine, tenemos a la prima depresiva. La muchacha, como bien su apodo lo dice, no expresa demasiada felicidad. Entendible por la crisis que atraviesan con su novio y detalles que no vienen al caso. Dado este bonito cuadro cualquiera pensaría que la prima de coger, ni hablar. Error, garafal error. En medio de una charla sobre este tema con Inés, la prima aparece con (extraña) cara de felicidad en medio de nuestro café con chocolates a darnos aviso que se encontraba acompañada en el cuarto de un “amigo”.
“¡Bendita tu eres!” le dijimos, celebrando un acto que para mí es absolutamente canonizable y retorciéndome en la sana envidia que la situación me provocaba.
Conclusión que, mala estadística para mú, parece ser que en mi círculo social más próximo todos garchan… menos yo. Hasta mi perro tiene “novia”… dios. Mientras yo pierdo tiempo en teorizar sobre mis tristes desventuras cotidianas el resto del mundo iza la bandera del coito (¡el coito y sus derivados!) en pos de un bonito nacionalismo en las tierras de la lujuria.
Quizá deba dejar de sublimar tantas pulsiones contenidas con tanta escritura, chocolates y series que rondan sobre lo mismo y trabajar fino sobre la situación. Por las dudas esta noche me acuesto con auriculares puestos.
Categorías: La Investigación
Etiquetado: 100, buenos aires, gay, gays, sex and the city, telenovela
Cosas que se supone no debían pasar esta semana:
- Que vuelva mi jefe (antes) de vacaciones, de órdenes de reorganización de todo aquello que Juan José había organizado en los últimos quince días.
- Que vuelva mi jefe con alfajores marplatenses y haya que hacerle un festejo como si nos estuviera anunciando un aumento del 25% (mínimo).
- Que la Burra se emocione por el regreso “las despedida’ y los regreso’ me ponen así… como… a mí dame de dulce de leche” (espasmo manual mediante)
- Que el Gordo Orrrlando haga una torre de alfajores y (á la Tinelli en el ‘93) demuestre que le entran en la caverna que tiene por boca.
- Que Santino deje 23 (sí VEINTITRES) mensajes en el contestador de casa, tartamudeando (hey hey DURO!) pidiendo disculpas por vaya uno a saber qué (ah… sí… que se sigue drogando!).
- Que llamen el Niño Pez y mi (ahora) ex llorando porque están en un hotel divino a causa del alud en Perú. Podría ser una tragedia. Pero no. Están regios.
- Que llame mi madre dándome detalles del viaje de “los nenes” (a ver a ver… nada… prefiero que siga con ese embarazo psicológico tipo perra y crea que son sus hijos).
- Que mi padre quiera que “volvamos a ser lo que éramos”….
- …la pregunta que me invade desde hace un día es “¿QUÉ ÉRAMOS?”
- Que la chica que besaba Leandro (…oh Leandro…) sea su novia, efectivamente.
- Que yo haga la invertida y me sostenga con tal rigidez (usualmente uno le diría “una calentura galopante”) y quede duro.
- Que Leandro me masajee y me provoque hablándome al oido.
- Que Leandro tenga problemas con su sexualidad.
¿Alguien quiere saber algo más?
Categorías: El Gordo Orrrlando · La Burra · La Investigación · Leandro Yogui · Mi madre · Mi padre · Niño Pez · Santino
Etiquetado: 100, gay, gays, investigación, madre, madre del puto, Niño Pez, putos, Santino, telenovela, yoga
Creo que Leandro está saliendo con alguien. Lo vi ayer cuando estaba llegando a su casa para retomar mis clases. Lo observé desde la vereda de enfrente, escondido detrás de un árbol. Con capucha para que no me reconociera.
Ahora lo vamos a corroborar.
Si llega a ser cierto, me voy a querer matar. ¡¿Puede ese desparpajo de belleza ser heterosexual?!
Categorías: La Investigación · Leandro Yogui
Etiquetado: 100, blognovela, citas, gay, gays, putos, telenovela, yoga
De ser mujer y estar pasando los 40 años, diría que estoy pisando la menopausia, que los calores me están asesinando y que mi humor es cambiante por esa misma razón. El problema es que no soy mujer. Y no tengo más excusa que decir que lo que realmente me hincha las pelotas es que Santino se dio vuelta como una media el viernes y sábado pasados (con todo lo que encontró a su paso, vale la aclaración), le agarró un ataque de vergüenza y no me habla cuando lo llamo (dice “hola….” y titubea estúpidamente como si yo fuera la madre que está a punto de mandarlo a su cuarto) y que la Burra se puso a jugar con el aire, no se sabe qué tocó, y ahora la temperatura oscila entre los 16 grados y los 32 intermitentemente. Expliqué mis cambios de humor y mis cambios de temperatura. Queda en claro que no estoy menopáusico.
Como muchos de mis amigos me vaticinaron (“EN QUINCE DIAS LO MANDAS AL CARAJO JUAN JOSE!”) con mucho tacto, como muchos de ustedes creyeron que debía manejarme (“NO VA A CAMBIAR, DEJALO”) todo ha quedado en promesas. Pero no me molesta en absoluto. Pues tengo la certeza que nunca le creí una palabra. Pero algún lugar inocente de estupidez mental le dio una tregua a ese enfermo.
Ayer decidí que, como no me hablaba, yo tampoco le hablaría más. Definitivamente. Y a llorar a la iglesia. Por más que insista. Por más que lo vea y tenga ganas de abrazarlo y deleitarme en sus lamentos de drogadicto pelotudo (insisto: tienen ese nosequé que los hace tiernos, o sensuales, que se yo) se acabó. Al menos hasta que se me pasé este estado cambiando, esquizo, ciclotímico. Tengo un montón de cosas en las cuales gastar mi energía (malévola, sobre todo) como para estar derrochando tiempo y palabras en este boludo.
Todo muy bonito y con mucha seguridad venía… hasta hoy a la mañana. Cuando sonó una alarma de mi celular. Y sonó bien temprano.
Alarma
“Clase Yoga”
Juanjo
“¿Cómo me recordás eso?”
Alarma
“Clase Yoga”
Juanjo
“Podrías haber sido más sutil y borrarte”
Alarma
“Clase Yoga”
Juanjo
“No me dejás alternativa…”
Apagué la alarma. Me estaba por levantar de la cama. Pero mi cerebro hizo una jugada rápida y me pasó la pelota:
Juanjo
“¿Lee… mmmjhjhm… Leandro?”
Leando (ay!… Leandro)
“Juan José…”
Juanjo
“Wow… qué oído..”
Leandro
“Estoy conectado con el mundo. Mis oídos están abiertos…”
Juanjo
“Bueno bueno… emh, escuchame. Hubo un problemita. Como que en este horario yo no voy a ir más.”
Leandro
“Uy, me imaginé. Había mala energía entre ustedes. Pero que bueno que sigas considerando yoga para tu vida. ¿Querés venir con el grupo del mediodía?”
Juanjo
“Trabajo hasta las cinco de la tarde… y cuando empiecen las clases… emh… no dá”
Leandro
“Podés venir a la noche. Serías vos solo”
Juanjo
“Perfecto! ¿cuándo reanudamos?”
Leandro
“¿Hoy te parece?”
Juanjo
“Puffff— nos vemos hoy”
Leandro
“Qué alegría! Te confirmo horario por mensaje luego”
Y a otra cosa mariposa.
Categorías: Leandro Yogui
Etiquetado: 100, gay, Leandro, menopausia, Sai Baba, Santino, yoga, yogui
Santino
“Juaan… me quedo sin batería y no sescucha nada…
…e llamo porq…
…y llegaron ayer de la cost…
…unos trgos y nos vamos, se cor…
…iero!…
Hoy sábado, el celular está muerto. Y en su departamento no contesta nadie. No tengo muy buen humor.
Categorías: La Investigación · Santino
Etiquetado: 100, drogaticto, gay, gays, puots, puta telefonía celular, telenovela
A las 6 de la mañana Juan José Torlo estuvo de senda joggineta, desayunado y gafas ray ban à la James Dean esperando que Santino lo pase a buscar. Y me refiero a estar esperando en la puerta como Max (mi perro) me espera cuando quiere salir a hacer sus cosas. Nunca estuve tan excitado a esa hora. Quería que apareciera “mi” muchacho y me llevara al templo sagrado de Leandro. Y equivocarme cuarenta veces de posición, para que me acomode suavecito otras cuarenta veces. Es oficial: una vez que lo vi, me enamoré de Leandro (exagerando, claro).
Eran las 6:15 y Santino no aparecía. Y, más allá de mi sobre estímulo para estar despierto y rozagante a esas horas de la madrugada, la verdad es que mucha gracia no me hacía estar esperando. Se supone que la cosa era efectiva con este chico. Y que esto de las clases de cualquier cosa new age eran más que un compromiso. Y que se lo tomaría en seri…. En medio de mi berrinche sonó el portero. Era Santino dormido.
Santino
“¿Me abrís Juanito?”
Juanjo
“No!!! Bajo. Que llegamos re tarde!”
Santino
“Abrime. Vamos a la camucha…”
Juanjo
“¡¿Qué camucha pelotudo?! Dale, ponete las pilas, que esto casualmente a mí no se me ocurrió. La idea fue tuya, hacete cargo”
Santino
“Pero arrancamos bien el lunes, si??? Dale???”
Juanjo
“Ya bajo”
Y bajé hecho una furia. Lo quería asesinar. Pegarle la cara contra la puerta de entrada. Marcarle el OHMMMM en la frente a piñas. ¿Cómo íbamos a plantar a Leandro (…Leandro…) tan nefastamente?
Juanjo
“¿Vos me estás tomando el pelo?”
Santino
“Bueeeen díiiiiiia”
Juanjo
“Buen día las pelotas! Dale, vamos”
Santino
“Pero ya le mandé un mensaje a Lean…”
Juanjo
“¿Vos me estás viendo?”
Santino
“…. ¿Jodiendo?”
Juanjo
“No, no! VIENDO. Me puse una joggineta! JOGGINETA para esto. Me acabo de levantar 3 horas antes de lo que me levanto usualmente. ¿Y vos decidís tan arbitrariamente que no vamos?”
Santino
“Ya está. Te prometo que el lunes arrancamos como se debe. ¿Vamos a la camucha un ratito?”
Juanjo
“Estoy de mal humor. Sabelo. Y es viernes. Más vale que hagas mérito…”
La cosa mañanera, al final, tuvo su lado bueno (excelentísimo). Me da miedo el finde…
Categorías: Santino
Etiquetado: 100, gay, gays, putos, Santino, telenovela, yoga
La mañana de hoy fue entre tortuosa y placentera. Según de dónde se la vea. En principio debo decir que Santino me despertó con interminables llamadas telefónicas a las 5:45 de la mañana (tengamos en cuenta, primero, que esa hora es infrahumana para despertarse y, segundo, que yo nunca me acuesto antes de las 2 de la mañana) porque hoy era el día D. Hoy el muchacho estaba decidido a comenzar una nueva vida. Lo que él cree que le va a modificar su ser y lo va a alejar del mundo del reviente: YOGA. Más exactamente swasthya yoga. Me dijo ese nombre extraño a las 6 de la mañana. Yo creía que estaba conversando con Jim Caviezel haciendo de Jesús y hablando en arameo. La idea de Santino es que el yoga se el comienzo del día. Y que el sacrificado instructor nos dé clase a las 7 de la mañana, para llegar todos relajados y armonizados al trabajo.
Pensé que algún instructor de yoga era copado y podía llegar a negarse a ese delirante horario. Pues no. El que contactó Santino cree que es un excelente idea. Y ahí empezó la tortura de enfermera que acompaña a Maradona. Hoy, a las 7 de la mañana, estaba en el medio de Barrio Norte tocando el timbre de la casa de Leandro. Nuestro instructor de yoga. Y el yoga, algo que nunca en mi vida había experimentado… pasó a ser la más maravillosa actividad. Sí, es cierto, recién estaba de mal humor, dormido, en la puerta. Pero cuando ví al instructor pensé que Indra Devi debería haber sido mi abuela. Leandro, el instructor, puede darle paz al mundo con una foto de su bella anatomía. Nada más. Todos quedaríamos atónitos mirándole, adorándole, y el mundo sucumbiría ante tal belleza. Y todos reconsideraríamos nuestras vidas. Y… ah! Yoga. Con Santino. Sí. Hoy arranqué yoga con Santino…
…y el instructor se llama Leandro. Es medio rubiecito. Tiene ojos verdes. Un cuerpo delicadamente torneado. Un culo envidiable. Una voz suave, relajada, seductora. Mira detenidamente a cada persona que le habla. Responde a cualquier burrada que uno pregunta con el amor y la consideración que una madre responde a su niño preguntas de sexo….
…Y arranqué yoga con Santino. Y él estaba muy emocionado. A ver como lo explico… ¿Vieron cuando a Madonna le agarró el ataque místico y andaba con un tercer ojo y patas para arriba haciendo la invertida por todos lados?. Bueno. Santino creo que está en el comienzo de ese camino. Todo en la clase fue maravilloso. Entró a la casa del pibe y acariciaba al gato (que, obvio, tiene un nombre hindú raro) como si estuviera frotando la lámpara de Aladino. Abría las fosas nasales cuando pasaba un hilo de humo del incienso horrendo que prendió Leandro…
…Leandro, el bello instructor de yoga. Si te quedás duro en el medio de la colchoneta, Leandro viene con sus manos gruesas y fuertes y te acomoda suavemente. Y te reta con una sonrisa. Y te vuelve a explicar la posición. Leandro es muy correcto…
…Y Santino estaba como llegando al nirvana. Hacía caras de “estoy hiper concentrado aunque no me salga ni en pedo eso” y yo no podía más de la risa. Pero me aguanté. Por respeto a…
…a Leandro. Que se dio cuenta que no estaba concentrado y me explicó:
Leandro
“Juan, si no nos concentramos no avanzamos”
Juanjo
“Uy, sí sí… perdón”
Leandro
“Quiero que des lo que más puedas, vamos”
En ese momento me dieron ganas de pararme, calzarme y patear al otro imbécil y gritar “NO HAGO DEMASIADO YA?! NO DOY MUCHO VINIENDO A ESTO POR UN COCAINOMANO?! EH?!”. Pero me pareció un poquito fuera de lugar. Así que ahí estuve yo. DANDO lo mejor de mí. Lo que más puedo. El día 1 de Yoga ha sido un placer. Hoy me acuesto a las doce. Mañana vamos de nuevo.
Categorías: Leandro Yogui · Santino
Etiquetado: 100, gay, gays, indra devi, jim caviezel, madonna, putos, Santino, swasthya yoga, telenovela, yoga
No hay nada peor que la vida en la oficina donde trabajo. Cualquiera podría decirme que me quejo de lleno. Que a mucha gente le gustaría trabajar sentado en un escritorio, con acceso a Internet, con café (cuando la maquinita anda, claro), aire acondicionado, posibilidad de escuchar música, rascársela cuando el laburo no aprieta y demases que conforman la vida del oficinista burgués. Lo que ese cualquiera deja fuera de la descripción, entre las características de ese lugar, se encuentra el grupo de infradotados que trabajan DIARIAMENTE conmigo. Especialmente tres: la Burra, mi Jefe y el Gordo Orrrlando. Cada uno con su diccionario de huevadas, con sus discursos reaccionarios, retrógrados, machistas, con sus pretensiones de vaya uno a saber qué.
La Burra hoy se la ha pasado jugando (como usualmente hace) con el aire acondicionado. Tiene una relación apasionada con el control remoto de ese bicho. De hecho, fue la que le cambio las pilas cuando ya andaba choto. Y la que llamó al técnico cuando hacía un mínimo ruidito. O la que se colgó como un chimpancé a limpiarle el filtro (sí, eso lo pueden hacer los de limpieza… pero no los dejó).
Esta época del año es relativamente relajada, pues nadie hace nada “total ya me voy de vacaciones” o su variante “total recién vuelvo no-me-rompan-los-huevos”. Lo bueno de la situación veraniega/parsimoniosa es que hasta el hinchapelotas de mi jefe se hace cargo de tal estado. Todos somos concientes que nos rascamos hasta que el mundo vuelve a la vida. Todos salvo el Gordo Orrrlando. Que despliega un discurso laborista tan poco creíble como la dieta que arranca todos los lunes desde hace un año y medio.
El Gordo Orrrlando tiene toda, pero absolutamente toda mi energía asesina a su disposición. Es uno de esos cuerpos gigantes que uno adoraría ignorar. Pero es imposible, no por su gruesa estampa, sino por su catarvada de boludeces, comentarios ordinarios y cientocincuenta detalles escatológicos que no es vital reproducir. Sus temas favoritos son: comida (habla de parrillas berretas como si fueran Sucre o el Lotus Neo Thai), los dos simios que tiene por hijas y “lo bueno que es mirar ‘lascarreradecoches’ (TC2000) tomando un cinzanito”.
Mi jornada laboral a su lado (cosa que rogué me cambien, pero no hay caso, es como si mi jefe disfrutara verme sufrir) consiste en los siguientes pensamientos:
“Si masca el chicle con la boca abierta una vez más, agarro el extintor y le aplasto el cráneo como en Irreversible.”
“Si se refiere una vez más a los que están manifestando en la UBA como “los negros de mierda que no salen a buscar laburo”, le mando a Castells y toda su delegación a la casa a que le hagan tortas fritas.”
“Si me reproduce un chiste más à la Corona o Pepe Muleiro le mando al ejército de maricas del 9no. y que lo violen” (pobres pibes…) (jejeje)
Lo peor de todo es que tiene esa impunidad de gordo gigante. Que nadie le dice nada porque es gordo y pone cara de patovica. No hace una mierda… y encima tiene el tupé de decir “hoy no tengo nada para hacer… VOY A ESTAR COMO VOS” Gordo imbécil, encima que sos un ñoqui acomodado te das el lujo de venir a criticar. Callate la boca y seguí haciendo tus espectáculos rumiantes en el escritorio que, vergüenza ajena mediante, es lo primero que uno ve cuando ingresa a este recinto inmundo.
Sí, hoy solo tengo ganas de quejarme. De destilar veneno como una anaconda enroscada en mi escritorio. Hoy detesto a todos los que me rodean. Hoy quiero vivir feliz como un ermitaño. Sin compañeros de trabajo, familia, amigos y amantes. Hoy quiero ser el novio de Dexter y salir a mutilar forros y boludos.
Mañana continúa la programación regularmente.
Categorías: El Gordo Orrrlando · La Burra
Etiquetado: vergüenza, telenovela, Andrea del Boca, six feet under, gordo orrrlando, La Burra, dexter, Michael C Hall, irreversible, gaspar noe, monica belucci, vincent cassel