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G for Vendetta

Me hinché las pelotas. Recapacité a unas pocas cuadras de haber hecho el mal trato. Era estúpido ¿quñe me podía pasar si el estúpido Nacho hablaba en la cena familiar? ¿No podía ser negable todo lo que dijera?

Hasta a mí me sonaría extraño que mi ex novio se ponga a investigar gente para ratificar o rectificar el amor que yo sentía por él (conociéndome es obvio que podría llegara hacerlo, pero con mi (ahora) ex siempre fui tan pero tan pacato y aburrido, que ni se le pasaría por la cabeza pensar que esto podría ser cierto). Lo que sí existe es el sr. google, entonces las evidencias estarían a un solo click.

Que se entienda, me importa un carajo que pueden llegar a decir de esto, el tema es que eso alimentaría tanto el ego de mi (ahora) ex, que no podría soportarlo. Más un discurso moralista de mi madre, tratándome de taxi boy on-line (me la imagino “cien chicos??? juani??!!! son muchos! hijo… y te pagaron??… si necesitabas platas le decías a mamá Lili que sabés que te da…”). Más  los comentarios idiotas de mi hermano idiota.

Cuestión que  el miércoles a la noche empecé  quemarme la cabeza (en la casa de Franco que me contuvo sin entender por qué yo no podía estar en mi propio departamento) y pensé cuál podía ser la venganza perfecta. Que me dejara bien parado y que hiciera que ese boludo no abriera la boca. Así que, el jueves a la madrugada mi departamento se convirtió en un: BOLICHE GAY.

Sí algo tiene mi Vecino Gay, cuando te quiere, es solidaridad. Salí hecho una furia de la casa de Franco, lo llamé y le comenté la situación. Nos juntamos en su depto (frente al mío, claro) y se nos ocurrió que podíamos invitar a todos los hipopótamos rosas amigos suyos, más algunas mariquitas del 9no. piso de mi oficina (la copada que conocí en aquel cumpleaños se iba a prender seguro), más buenos amigos solidarios y haríamos que el 4to explotara. La onda era que Nacho terminara embaucado en la fiesta, sin querer queriendo, un par de viejas y queridas fotos comprometedoras.. y ya!

Y así fue amigos… el pibe estaba en mi casa a sus anchas, en calzoncillos (mirando porno, seguramente… es su actividad favorita, después de The Simpsons) y de repente abrimos la puerta, entamos con bolsas llenas de alcohol (qué baratos los vinos en el super chino! dios, cada vez me caen mejor) y nos instalamos. Y Nacho me miraba odiado.

Nacho
“Disculpame puto, pero teníamos un arreglito?”

Juanjo
“Consideré que ibas a a estar aburrido, así que te vinimos a hacer compañía”

Vecino Gay
“Sí lindo! Arranquemos el jueves santo!… no tan santo noo? wooooooooooowwwww!!”
(es irritante el gritito que hace mi vecino, pero para el momento quedaba regio)

Nacho
“No se van a ir, no?”

Juanjo
“……”

Nacho
“Ok… qué trajeron de tomar?.. vos caes que mañana se van a enterar todos? por hacerte el pelotudo?”

Juanjo
“Dale Nachíiiiiin! abrite un vino y relajá… ya fue… después vemos cómo arreglamos”

En una hora mi departamento era un mundo de gente, todos borrachos, bailando como locas y… ooops! Nacho boracho abrazado a dos de las cotorras mariconas del 9no.

Al rato Nacho más borracho aún, bailando con mi Vecino Gay “Livin’ la vida loca” y cantándola a los gritos (ahora cualquier canción de Ricky es doblemente homesexual)… ooops! video de ello!

Y así sucesivamente toda la noche, hasta que cayó rendido a las 6:30 de la mañana en el sillón y todas (TODAS) las maricas posaron de a una o de a varias en el sillón con él. Y no hace falta dar demasiada explicación gráfica. Las imágenes fueron el desayuno de Ignacio:

Juanjo
“Buen día Pollyana… este es mi feisbuc, lo ves? y ese sos vos a punto de ser subido a la web… y que te vea to do  el  mun do”

Nacho
“Sos un hijo de p…”

Juanjo
“..SHHhhh… ojito con esa boca. Dame ya la copia de la llave y te vas”

Nacho
“Pará… dejame contarte algo… yo…”

Juanjo
“Andá a la mierda! encima psicólogo? dale… mové”

Nacho
“Creo que… nada, me voy. Perdón por la amenaza”

Juanjo
“Pará, estás bien??”

Y se fue. Confirmadísimo: Nachito es puto. Y con eso no se si se jode. O sí?

Terapia gratuita!

Yo creo que la pifié con la elección académica. Desde mi punto de vista, lo mío es la docencia y la escritura. Un poco de investigación, como para hacer que la ciencia avance. Y ya. Eso creo yo. El resto del mundo cree que lo mío es el psicoanálisis. No no, nadie me invitó amablemente a ir a terapia. Todos se invitaron desde el sábado de la semana pasada a hacer diván en el sillón de casa.

Sábado: “Otra oportunidad!”

Después de despertarnos con un leve dolor de cabeza (eso es lo maravilloso del buen y noble vodka importado, todo al otro día es “leve”) mi (ahora) ex y yo intentamos reconstruir la noche que había pasado. Me agradeció por “darle cariño en este momento” (ay dios…) y yo, por supuesto, lo saqué cagando de la cama. Claramente, tuvimos sexo. Me quise matar. No lo quería tener ahí, paseándose nuevamente en calzoncillos, tan rey león, re acomodando sus espacios (el baño tenía una lógica cuando salíamos, revistas, ropa sucia y toallas dependían de su sentido de la proxémica, no se por qué). Lo corrí de a poco. Se instaló en el living y ahí empezó de nuevo con su catarsis. Soporté lo que cualquier persona desinteresada sobre un tema soporta. Dije basta y le pedí que se fuera. Educadamente y con sensibilidad:

Juanjo

“Sos un cáncer pelotudoooo…. Andate me agarra el susanismo y te sacudo un cenicero!!”

 

Domingo: “Tu eres mi hermano del alma…”

Inés

“…realmente, un amigo… eso me dijo, para mí sos realmente como un amigo”

Juanjo

“Pero tu chico es un boludo importante”

Inés

“Sí, estamos destinados a ser infelices Torlis”

Juanjo

“No no no, pará che. Que todavía tengo fé”

Inés

“Por eso te adoro. Pero el tema con Walter es que no se qué quiere, un día me dice que soy la mujer de sus sueños y al otro que soy como su mejor amigo, y al otro que le hago acordar a su madrina… entonces es ahí cuando dudo si me quedo o me voy, porque, bueno, viéndolo desde su punto de vista…”

Y de a poco, mi mejor amiga, se empezó a acomodar horizontal en el sillón. Y relató su único problema sentimental (su chico es puto, claramente) de cien maneras diferentes. Se robó la tarde y la noche. Mis oídos contentos.

Lunes: “Se lo que hicieron en el verano”

Pues mis alumnos se dedicaron más de la mitad de la clase a contarme sus vacaciones grupales. Cosa que a mi no me interesaba en absoluto. No había manera de hacerlos callar. Cualquier cosa que intentaba empezar a desarrollar, encontraban la vuelta para contra alguna anéctoda de carpa, playa y vómitos en boliches de la costa. Hasta la gritona que se sienta al fondo contó detalles de cómo abandonó su virginidad en la arena. Cuando logré calmar a las fieras, solo me quedó tiempo para dictarles dos preguntas. Esto de tener el mismo curso otra vez, no me gusta nada. Y menos si creen que la clase es terapia grupal.

Martes: “Edipo a domicilio”

Por más que siga diciendo que la voy a asesinar. O que no la quiero ver por meses, mi madre tiene la capacidad de hacerme flaquear. Es madre, no se discute.

No puedo ser demasiado descriptivo, porque revuelve las tripas, pero la terapia de mi madre en el sillón de casa se basó en sus problemas sexuales con Ricardo y una disimulada infidelidad continua con mi padre. Un oído hacía que la escuchaba, el otro escuchaba un disco de Jamie Cullum. Terminó de hablar, me preguntó si volví con mi (ahora) ex, le reafirmé que nunca va a pasar (….) y se fue. Livianita. Sin problemas en mente. Toda la mierda que traía, quedó sentada en el sillón.

A la noche me llamó mi padre, contando lo mismo pero cabeza hacia abajo. Se terminó cortando la comunicación (es que estaba empezando a llover… ¿?)

Miércoles: “Qué faccemo?!”

La tarde se suponía que iba a ser la panacea. Mentí en el trabajo y me retiré antes (lo primero que se me vino a la cabeza fue dolor estomacal, como nadie me hacía caso, amenacé con que nadie iba a poder ir al baño si yo seguía ahí…) Me vine corriendo a casa. Apagué el celular. Desconecté el teléfono. Tomé todas las precauciones. Electro-tecnológicas, claro. Los recursos humanos del edificio dónde vivo se encargaron de cagarme el miércoles también.

Vecino Gay (golpeando exageradamente la puerta)

“Juan??? Te buscan! No te anda el portero lindo??”

Juanjo

(en su cerebro) “Lo que no te va a andar a vos va a ser la cabeza, porque te la voy a destruir a patadas!

(a los gritos) “Estoy medio enfermo, más que de costumbre G******, no estoy para nadie”

Bruno (gritos)

“Dale!! Abrime que te llamé al labuoro y me dice la chica esa que dijiste que te dolía algo… pero que no entendieron qué…”

Me sorprendí. Mucho. Han pasado siglos y un edificio, el concepto de propiedad privada apilado en varios pisos, se había transformado en un pasillo medieval. Todo a los gritos. Mi Vecino Gay y el tano.

Bruno vino a ver cómo estaba. A ver como me había ido en el recital (la descripción fue meramente musical). A ver qué íbamos a hacer porque él tiene ganas de empezar algo conmigo, pero no está seguro. Que la presencia de Stefano en Buenos Aires lo pone mal. Que fue el primer chico del que se enamoró, pero al descubrir que no les gustaban las mismas cosas, terminaron por hacerse amigos. Sí, otro blah blah blah de tarde. Lo que se convirtió, nuevamente, en otra sesión de terapia. Y encima mal hablada (temo que termine como Anamá Ferreira o Carmen Yazalde este pibe). Hablo y hablo y no llegó nunca a nada.

Con lo cual, después de tanta oreja:

SOLO PIDO QUE EL DIA DE HOY SEA MIO! Quiero hablarme yo tirado en el sillón y que Max, que no entiende nada, sólo me escuche. Si tiene ganas.

Dancing Queen

¿Alguien se acuerda de aquella película para adictos al ácido de Disney, dónde aparecían hipopótamos con tutú rosa? Bueno. Esa imagen me recibió en el pasillo de mi casa cuando llegué del trabajo. El té de mi Vecino Gay fue un éxito. Si la CHA tuviera su propio canal de cable, el programa de mesas dulces y el programa para la tercera edad hubiesen hecho un especial juntos y los picos de rating hubiesen sido maravillosos.

Cuando puso “tea” yo me imaginé una cosa apacible. Una fiesta llena de ricas infusiones y alguna que otra cosa dulce para saborear y festejar su cumpleaños con un poco de dignidad. Pero esto fue… terrible. Llegar a tu piso y que suene Dancing Queen, bah, casi todo el repertorio de ABBA, versión karaoke y un montón de señores gordos y rosaditos cantando a graznidos es traumático. Muy. Y por lo visto yo soy el nuevo tema de conversación entre “las chicas”, así que procuraron dejar la puerta abierta. Y cuando llegué a casa, por lógica, me vieron entrar. Y no había excusa: tenía que ir.

Claro, en el camino de vuelta a casa lo único que quería hacer era llegar y alucinar con el te de VG… iba a ser bizarro, lo sabía. Pero eso que vi y escuché, era demasiado. Solo no podía. No me animaba. Como siempre insisto, no soy Brad Pitt, pero me daba la sensación que yo iba a ser un bife de chorizo rodeado por 12 perros lobos. Y que me iba a sentir demasiado observado. Y que… OKAY! NO ME LA BANQUÉ SOLO. Así que llamé al Sr. Diarrea 2.

Niño Pez

“NO”

Juanjo

“¿Por favor?”

Niño Pez

“No no y no!”

Juanjo

“Te prometo que te llevo al cine y a los fichines”

Niño Pez

“Morite”

Juanjo

“Te prometo una pastilla de carbón y agua de arroz”

Niño Pez

“Morite de nuevo”

Juanjo

(especulando con los regalos de la empresa dónde trabajo)

“Te invito a ver a Coldplay”

Niño Pez

“Hecho. En 20 estoy allá”

 No terminé de colgar el teléfono, que sentí el primer timbrazo. Era mi Vecino Gay preguntándome cuánto más pensaba tardar. Mi cara creo que fue de asombro: ERA UN SEÑOR VESTIDO, INTEGRAMENTE, DE TELA CUADRICULADA ROSA Y BLANCA. Era como un mantel de pic nic… pero versión Hello Kitty. Se hizo los rayitos en el pelo para la ocasión (su pelo es una especie de rosca de pascuas, es como un franciscano hollywoodense, un cura bling bling), tenía un leve delineado en los ojos y un lunar arriba de la boca que nunca le ví desde que supe que vivía en frente. Hoy mi vecino, por ser su cumpleaños, era mega gay. Pisaba el travestismo.

Todo eso a las seis y media de la tarde.

 Juanjo

“Gxxxxxx ¿te acordás del pibito con el que me estaba viendo?”

Vecino Gay

“Woooo! Invitá todos los que quieras Juancho!!!”

Juanjo

“Ok.. no es necesario pedir permiso. Ok… En quince minutos cruzo…”

Vecino Gay

“…la delgada línea…”

Juanjo

“¿Rosa?”

Vecino Gay

“Woooooooooo!!!!”

 Cuando llegó el Niño Pez, tuve que firmarle un papel donde aclaraba el trauma psicológico que le estaba causando, la tortura que implicaba ir a ese festejo y que me dejaba, en caso de salir mi persona viva, su I-pod y su antología de The Beatles a mí. Y que le daba de buena gana una entrada para ver a Coldplay.

Salimos. Catorce cabezas calvas y una cabellera rubia (la única (UNICA) mujer) se voltearon. Entramos. El NP soltó una carcajada y todos entendieron que se estaba sumando a la fiesta. No había té ni un carajo, estaban tomando margaritas y daiquiris de frutilla (DE FRUTILLA). Yo manoteé un margarita que me ofreció VG y no me quedó más que sumarme al trencito que decoraba el sonido de “…para hacer bien el amor hay que venir al suuuuuuuur!…”

Terrible, una y mil veces. Cuando nos deteníamos a observar, era increíble. Eran todos señores mayores de cuarenta años, en su mayoría con varios kilos de más, vestidos de colores pasteles. Uno era una especie de rocero abandonado (nunca entendimos de dónde pudo sacarlo VG). Otro le bautizamos “El Abuelo del Niño de Cobre”. El bronceado que tenía se asemejaba al color de un premio Martín Fierro. Otro bailaba de a saltitos como Zulma Lovato (¿nunca había nombrado a ese espécimen, verdad?… tenemos una anécdota con Inés y ese personaje freak). Lo maravilloso era que todos estaban en la suya. Insisto, a media tarde. Medio en pedo, Con olor a spray Roby. Con papel picado. Cada vez que NP me miraba soltabamos la carcajada y todos las señoras mariconas se reían con nosotros.

Mi Vecino Gay ahora tiene mi respeto: no solo ha sido un digno contrincante, sino que ha sido el escándalo del edificio. Y lograr eso en este lugar pacato, lleno de gente “bien”, es maravilloso. Blanquita no entendía nada. Igual le llevó una planta de regalo, más tarde. Se la dió en mano y le dijo: “su hijo es un muy buen chico señora, a pesar de ser tan raro, pero es muy simpático y le gusta bordar conmigo”. Creo que hasta a la viejecilla le estaba quedando en claro VG no era lo que pensaba. Lo cual está perfecto.

Todos se divirtieron y lo que esperábamos que fuera un descontrol de dentaduras postizas en nuestros cuerpos, fue un clara declaración de principios. “You can dance, you can jive, having the time of your life / See that girl, watch that scene, dig in the Dancing Queen…”

 

Tea

Así dice la tarjeta que me pasaron por la puerta esta mañana, lo juro. No la escaneo, porque no tengo escáner, sino la disfrutaban con sus propios ojos.

B-Day TEA!!!

Hola Chicxs!!! están todxs invitadxs a tomar el tea! la tetera no es de porcelana, porque no me gusta la porcelana, jaja!

Lxs espero hoy en casa a las 18 hs. Vengansé cómodxs… vamos a pasara lindo (como todos los años).

Gxxxxxx (y acá va una estrellita dorada)

Es el cumpleaños de mi Vecino Gay. Obvio… voy. Y a la noche les cuento (muejeje).

Cambio de aire

El verano se ha vuelto una tortura. Me cago en las publicidades de cervezas y compañías de telefonía celular. Para quienes seguimos dando vueltas en Buenos Aires, el verano es un intento constante de encontrar lugares frescos, putear en los medios de transporte públicos, putear en la oficina si se rompe el aire, putear a todo el mundo porque estás molesto. Conclusión: ando puteando todo el día. El punto a favor es que yo tengo la suerte de seguir de vacaciones, con lo cual decidí encerrarme en mi casa on el aire a todo trapo y una colección de Hitchcock. Y libros, varios libros. Y un chico, mi chico. El bello Santino. Y todo suena tan armónico que se supone que no debería quejarme. Pero está en mi naturaleza hacerlo. Y el mundo puede congeniarse para que despliegue toda mi furia. O termine haciendo todo lo contrario.
En primer lugar, en el día de hoy, aparece el boludo del portero a decirme que necesitan cortar la luz por unas horas, por cambio de cables en el primer piso. Mi cara fue “vivo en el cuarto?” y su respuesta directa fue “es general, solo le aviso”. El “solo le aviso” sonó amenazante, desafiante. Me estaba buscando pelea, sin dudas. El portero quería que me enojara. Por supuesto, al cerrar la puerta pasaron quince minutos y mi heladera no funcionaba, la computadora me empezó a amenazar con su dibujito de batería y el aire acondicionado estaba oficialmente muerto. El paraíso se empezó a volver infierno en minutos. Dato poco menor, por el ventanal de mi living la luz entra desde el amanecer hasta pasado el mediodía. Los afortunados definitivamente eran los que viven contrafrente. Por ejemplo: mi vecino gay.
Se suponía que la obra eléctrica duraría unos minutos, que luego fueron horas. A las dos horas clavadas ya empezaron todos a salir de sus cuevas puteando, dando vueltas como hormigas cuando se le destruye el hormiguero. Me resistí, pero no pude con mi genio y salí tipo Mel Gibson a gritar contra algo que en teoría nos beneficiaba:

Juanjo
“SI MUERO ELECTROCUTADO MI FAMILIA NO LOS DEMANDA, DEVUELVANME EL AIRE POR JESUCRISTOOO!!!”
Vecino Gay
“Yo no lo puedo creer, ¿cómo ze lez ocurre hazer ezto hoy porfavar?”
Juanjo
“No sé, pero voy a morir rostisado si sigo en ese sauna. Mi casa, bah”
Vecino Gay
“Ay claro, a voz te da todito el zol.. en caza zafa, eh? ¿Querés venirte a balconear?”
Juanjo
“Emhh.. ¿te parece? Mirá que no soy muy buena onda que digamos…”
Vecino Gay
“Lo ze miamar! Me debez una dizculpa por el robo de mi corona. Dale!”

Y de repente Juanjo estaba haciendo algo ridículo. Estaba tomando gaseosa “finamente gasificada” caliente, con los pies en una gigante palangana con agua y rolitos, moviendo un abanico (sí, me dio un ABANICO) y contándole mi vida a mi enemigo. No llegué a pedir disculpas por lo de la corona, pero pudimos reírnos de la situación. Supongo que era la escena del milagro navideño, pero una semana después.
Entre las cosas que hablamos, por supuesto, salió el tema de Santino y su propuesta de vacaciones. Mi Vecino Gay parece ser tan coherente como yo. Cree que es demasiado apresurado embarcarse en un mini proyecto como ese. Vamos! Nos conocimos hace días, no es lógico que me vaya de vacaciones con él. Así que cuando todo volvió a la normalidad en el edificio lo llamé. Tenía el celular apagado, así que dejé el mensaje agradeciendo la invitación “pero no dá”. También dejé mensaje en el fijo y mandé un par de textos. Y un mail re lindo.
Son las 3 de la mañana y no ha contestado nadie. Es preocupante.

Superman

La madrugada del 25 fue un completo desastre, si lo vemos desde la perspectiva que traíamos los últimos días. O fue una de las mejores noches de 2009, si lo miramos desde una punto de vista positivo, renovado, con vistas al futuro y maravilloso.
Caímos borrachísimos todos a la fiesta de unos amigos de mi (ahora) ex en Coghland, en una casa gigante con varias barras, mucha pero mucha gente, creo (CREO) que una banda tocaba reggae o alguna cosa de esas que implica que haya aroma a marihuana alrededor. Con lo cual, si venía mal, me puse peor. Aclaro que no es de careta, pero del último bajón de presión durante mi colación de grado (sí, subí fumado a recibir mi título) decidí dejar de fumar desaforadamente. Solo lo justo y necesario para ser feliz.
A los pocos minutos que llegamos me llamó el Niño Pez preguntando por mis planes. Por supuesto que lo invité a la fiesta.
Las caras de mi hermano y su amigo mutaron a medida que transcurría la noche. Cuando llegamos ante el primer puto que se cruzaron ya estaban horrorizados y se creían víctimas rodeados por una manada de caníbales. Al rato descubrieron que no eran el centro del mundo (de hecho varios los insultaron por bobos) y que la fiesta no era 100% homosexual. A las horas estaban bailando los dos en cuero Madonna arriba de una mesa y todos les festejaban pensando que eran pareja.
A mi me costó dos horas encontrar al Niño Pez. Cuando lo logré, me lo encontré charlando muy cómodo con mi (ahora) ex. Supuse que le estaría tomando el pelo o humillándolo con indiscreciones que le he comentado. De la alegría que tenía solo pregunté si se estaban peleando y me fui. Había empezado a marcar un recorrido fijo entre las tres barras que me dejaban ir a ver al redículo de mi hermano, a mi ex, al Niño Pez y a la pobre Martina que tomaba frozen de maracuyá con una amiga de mi ex que le hablaba de lo feliz que era a partir de su cambio de chakras.
El recorrido implicaba subir y bajar tres pisos. Y subir cada vez me costaba más. Y bajar venía siendo sencillo hasta que no me percaté que había un cuerpo en el descanso del 1er piso y trastabillé ridículamente para empezar a bajar con mi culo por la escalera.
Ahí apareció Superman.

Superman
“Me parece que estás un poco mal”
Juanjo
“swgewrewgggrgdfg”
Superman
“¿Buscamos a tus amigos?”
Juanjo
“zsi!”

No podía creer lo que me estaba sosteniendo en sus brazos. Me estaba cayendo ridículamente por una escalera y por primera vez en mi vida tengo un salvador. Mi propio Superman. Por supuesto que para esa hora Martina ya se había ido, Tomás y Nacho no me interesaban en absoluto… solo me quedaban el Niño Pez y mi (ahora) ex para que este adonis me depositara. El problema fue que de tan chochos que estaban charlando mis dos muchachos terminaron un poquito más cariñosos de lo que pensaba. Solo pasé en brazos de Superman por al lado de ellos y le choqué la mano al Niño Pez en un gesto de aprobación. Yo iba colgado como Jane sobre Tarzán y no me importaba nada.

Superman
“¿Te parece mal si te venís a dormir a mi casa?… Vivo cerca”
Juanjo
“parwa nadsa… ddsshffff… llwevame..onde vosz querwas”

Díganme desubicado, irresponsable, alcohólico, reventado, regalado o lo que se les ocurra. Si ustedes vieran lo que es ese muchacho, entenderían mi actitud. Tampoco es que me justifique, pero bueno, la investigación viene medio achanchada y en el estado en que estaba necesitada un superhéroe que me sacara de esa casa.
Por suerte tomé fuerzas para coordinar una frase y le pedí que me llevara a mi casa. Por lo visto Superman consideró que era una buena idea (yo también consideraría meter en mi casa a un desconocido borracho con posibilidades de vomitarme la casa y que se me instale hasta las cinco de la tarde) y me depositó principescamente en mi casa. De hecho me desvistió, me hizo tomar algo que supongo era un analgésico, me metió en la cama, me prendió el aire acondicionado y… desapareció.
Me desperté el 25 con mensajes en el contestador de mi madre gritando borracha “venite a la pileta que estamos con la tía Marceeeeeeeeeeeeeeeeee!!!” y con uno del Niño Pez preguntando si estaba todo bien entre nos. Nunca les presté atención. Estaba ocupadísimo buscando rastros de Superman para asegurarme que no haya sido una ilusión. Pero nada. Ni un teléfono anotado. Ni una dirección de e-mail. Nada. Hasta que me golpearon la puerta:

Vecino Gay
(cara de odio) “Felíz navidad. ¿De casualidad conocés a un tal Santino?”
Juanjo
(cara de alcohólico entrando a centro de rehabilitación) “eh?”
Vecino Gay
“Me está tocando el portero un tipo que dice que trajo a alguien borracho ayer y no se acuerda el departamento. Supuse que eras vos. ¿Me harías el favor de bajar a abrirle?”
Juanjo
“….”
Vecino Gay
“Gra-ciasss?… emhh… estoy viendo mi corona navideña, me la devolvés por favor?”
Juanjo
“Ah… sí sí… tomá… emh.. después aclaramos, eh?”
Vecino Gay
(haciéndose el cómplice) “Bajá por diooos!”

Superman no es una ilusión. Superman existe. Y estaba como regalo de navidad el 25 en la puerta  de mi edificio. Y se llama Santino.

El Puto Monoexpresivo

Como sigo de mini vacaciones y la guerra con mi Vecino Gay me está consumiendo demasiadas energías, decidí retomar el trabajo de campo (adelanto esto nomás: ya le hizo escándalo al portero) (jejeje). Desde que arrancó la investigación me han llegado comentarios de lo más variados. Desde mensajes de buenos augurios, gente que siente intriga por mi persona, sospechas de autoría (lo más ridículo que me han dicho es que soy un famoso periodista que trabajo en la tele), puteadas, burlas y otras. Pero lo que cae cada tanto (habrán visto en el resumen de correos) son las propuestas de cita. Y claro, no todas provienen de especimenes que pretenden tríos y hablan en lenguaje casi cavernícola ni de señores que a decir verdad mucho no entran dentro de mis gustos. A veces escriben personas que parecen interesantes. Y la particularidad del correo por feisbuc es que uno puede, al menos, ver la cara del nuevo objeto de estudio.
La semana pasada recibí una invitación de un tal Sebastián. Las fotos dejaban ver a un muchacho grandote, muy bonito de cara, timidamente divertido (¿viste que hay fotos en las cuales podés inventar que están pensando los fotografiados?) (bueno, las fotos de este pibe indicaban “saquenme de acá”) morocho, de 26 años. Demasiado no podía prejuzgar, así que ante su mensaje de “me encanta como escribís, me gustaría conocerte” yo respondí de manera muy sutil: “CUANDO QUIERAS!”.
Y así me estaba encaminando a otra nueva cita con un desconocido. Mensajes mediantes, terminé accediendo a ir a su casa (que no queda muy lejos de la mía). Cuando llegué le agradecí a mi monitor por haberse acercado tanto a la realidad, el desconocido Sebastián era tan bello como en pantalla. Hacía una expresión con la cara que entre que me causa ternura y me dan ganas de partirle la cara con un  bate de baseball. O sea, entro a su departamento (bonito como él) y cuando le hago el comentario acerca de lo bella que es su casa, hace ese gesto. “Ah, qué tierno” pensé. Luego, cuando abre una cerveza (justo la marca verde que le gusta a Juan José) le comento la casualidad de gustos y hace la carita de nuevo. Me muestra su biblioteca (mucho Cohelo, lo cual le bajó unos 2,50 puntos de entrada) le hago el comentario pertinente “NO TE PARECE UN LADRON COHELO?!” y en lugar de rebatir, de pelearme (con los que leen a Cohelo siempre peleo, es más, el comentario siempre lo hago solo para pelear), de decirme porqué “El Alquimista” es el libro que seguramente “le voló la cabeza”… HACE EL PUTO GESTO! Con lo cual la velada se redujo a un monólogo mío acerca del por qué de la investigación, mis alumnos del secundario, mi trabajo y mis compañeros detestables. Su aporte fue: decir su nombre completo (aplauso para Sebastián: LO SABIA COMPLETO) CARITA, cómo había logrado comprar ese bello departamento (“es mío, bah, la plata me la dio mi viejo antes de morirse”) (sic) CARITA, que “no me cabe el ambiente porque está lleno de travestis en tetas y no me interesa andar mostrándome imaginate si me ve alguien del laburo” CARITA y que trabaja para una multinacional que hace hamburguesas “pero yo estoy en la parte administrativa, imaginate de cajero, no dá” CARITA.
A decir verdad, mi parte más machista, retrógrada, animal, lo hubiese tirado sobre el sillón y le hubiese hecho cualquier cosa (dos opciones: asesinarlo o tener sexo). Pero mi parte pseudo seria, ubicada, conciente y sobre todo mi parte realista, comprendió que no tenía más nada que hacer ahí. Que estaba frente a una nueva tipificación y no tenía necesidad de tocarle un pelo. Después de 20 minutos de silencio, solté la cruel verdad:

Juanjo
“Sebas, todo bien, sos un copado, pero paradójicamente me estoy aburriendo como una ostra. Y antes que hagamos algo de lo cual me arrepienta toda la semana, me voy a ir a casa”
Sebastián
“…”
CARITA!!!
Juanjo
“¿Bajás a abrirme?”

Me sorprendí de haber sido absolutamente honesto, no forzar nada y salir con 10 kilos menos de ese lugar. Era monoexpresivo. El puto monoexpresivo es, de tan simple y aburrido, un ser complejo. Pues te hace laburar el doble. Tenés que movilizarte hasta dónde está, tenés que sacarle conversación, tenés que sostener la conversación, tenés que decidir qué tomar, qué comer. El puto monoexpresivo es un ser abominable. Un estúpido. Cosa que un perfil en un sitio web no permite percibir. El puto monoexpresivo me enoja. Sí, así volví a casa ENOJADO. Es de esas personas que me provocan ira por ser tan pelotudas. Podés ser tímido, calladito, modosito. Lo que se te ocurra. Pero este pibe te saca de quicio. Y lo peor es que ni siquiera me va a putear por mail cuando lea esto. Lo sé.
Promesa del día: no volver a salir con alguien que lee el blog. O al menos intentar charla telefónica previa. Archívese. Olvídese. CARITA!