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G for Vendetta

Me hinché las pelotas. Recapacité a unas pocas cuadras de haber hecho el mal trato. Era estúpido ¿quñe me podía pasar si el estúpido Nacho hablaba en la cena familiar? ¿No podía ser negable todo lo que dijera?

Hasta a mí me sonaría extraño que mi ex novio se ponga a investigar gente para ratificar o rectificar el amor que yo sentía por él (conociéndome es obvio que podría llegara hacerlo, pero con mi (ahora) ex siempre fui tan pero tan pacato y aburrido, que ni se le pasaría por la cabeza pensar que esto podría ser cierto). Lo que sí existe es el sr. google, entonces las evidencias estarían a un solo click.

Que se entienda, me importa un carajo que pueden llegar a decir de esto, el tema es que eso alimentaría tanto el ego de mi (ahora) ex, que no podría soportarlo. Más un discurso moralista de mi madre, tratándome de taxi boy on-line (me la imagino “cien chicos??? juani??!!! son muchos! hijo… y te pagaron??… si necesitabas platas le decías a mamá Lili que sabés que te da…”). Más  los comentarios idiotas de mi hermano idiota.

Cuestión que  el miércoles a la noche empecé  quemarme la cabeza (en la casa de Franco que me contuvo sin entender por qué yo no podía estar en mi propio departamento) y pensé cuál podía ser la venganza perfecta. Que me dejara bien parado y que hiciera que ese boludo no abriera la boca. Así que, el jueves a la madrugada mi departamento se convirtió en un: BOLICHE GAY.

Sí algo tiene mi Vecino Gay, cuando te quiere, es solidaridad. Salí hecho una furia de la casa de Franco, lo llamé y le comenté la situación. Nos juntamos en su depto (frente al mío, claro) y se nos ocurrió que podíamos invitar a todos los hipopótamos rosas amigos suyos, más algunas mariquitas del 9no. piso de mi oficina (la copada que conocí en aquel cumpleaños se iba a prender seguro), más buenos amigos solidarios y haríamos que el 4to explotara. La onda era que Nacho terminara embaucado en la fiesta, sin querer queriendo, un par de viejas y queridas fotos comprometedoras.. y ya!

Y así fue amigos… el pibe estaba en mi casa a sus anchas, en calzoncillos (mirando porno, seguramente… es su actividad favorita, después de The Simpsons) y de repente abrimos la puerta, entamos con bolsas llenas de alcohol (qué baratos los vinos en el super chino! dios, cada vez me caen mejor) y nos instalamos. Y Nacho me miraba odiado.

Nacho
“Disculpame puto, pero teníamos un arreglito?”

Juanjo
“Consideré que ibas a a estar aburrido, así que te vinimos a hacer compañía”

Vecino Gay
“Sí lindo! Arranquemos el jueves santo!… no tan santo noo? wooooooooooowwwww!!”
(es irritante el gritito que hace mi vecino, pero para el momento quedaba regio)

Nacho
“No se van a ir, no?”

Juanjo
“……”

Nacho
“Ok… qué trajeron de tomar?.. vos caes que mañana se van a enterar todos? por hacerte el pelotudo?”

Juanjo
“Dale Nachíiiiiin! abrite un vino y relajá… ya fue… después vemos cómo arreglamos”

En una hora mi departamento era un mundo de gente, todos borrachos, bailando como locas y… ooops! Nacho boracho abrazado a dos de las cotorras mariconas del 9no.

Al rato Nacho más borracho aún, bailando con mi Vecino Gay “Livin’ la vida loca” y cantándola a los gritos (ahora cualquier canción de Ricky es doblemente homesexual)… ooops! video de ello!

Y así sucesivamente toda la noche, hasta que cayó rendido a las 6:30 de la mañana en el sillón y todas (TODAS) las maricas posaron de a una o de a varias en el sillón con él. Y no hace falta dar demasiada explicación gráfica. Las imágenes fueron el desayuno de Ignacio:

Juanjo
“Buen día Pollyana… este es mi feisbuc, lo ves? y ese sos vos a punto de ser subido a la web… y que te vea to do  el  mun do”

Nacho
“Sos un hijo de p…”

Juanjo
“..SHHhhh… ojito con esa boca. Dame ya la copia de la llave y te vas”

Nacho
“Pará… dejame contarte algo… yo…”

Juanjo
“Andá a la mierda! encima psicólogo? dale… mové”

Nacho
“Creo que… nada, me voy. Perdón por la amenaza”

Juanjo
“Pará, estás bien??”

Y se fue. Confirmadísimo: Nachito es puto. Y con eso no se si se jode. O sí?

El Sr. Rivotril

Sábado 13: Borderline…
La noche del sábado venía pesadamente triste. En casa estábamos todos con cierta tranquilidad (bah, Max y yo) y con un humor bastante extraño. Ni bueno ni malo. Que dictaba no salir, guardarse en casa y no hacer más cagadas. Pero no. Una muy buena noticia irrumpió en la noche: mi hermana en la puerta de casa con un  champagne gritando: “NOS VAMOS A DIVORCIAR!”. Un hecho histórico. Maravilloso. Lo cual trajo consigo una bonita cantidad de brindis con (otra vez) contadas botellas de bonito (y caro) champagne.
Me llama Nacho. Propone ir al lugar de siempre (que en breve abandonaré porque me está gustando cada vez menos que el alcohol sea tan pero tan malo y la música la misma de hace tres años). Me cago en todo, la meto a mi hermana en un taxi y salgo borracho al encuentro de Nacho, Ale y… mi simpático (ahora) ex en la puerta. Que casualmente no estaba muy alegre (vaya uno a saber por qué), con lo cual tuvo muy poca tolerancia ante nuestra simpatía y cariño exacerbados (estábamos bastante pesados con Nacho). Cuando lo ví en plan de levante me le acerqué al oído y le dije “hacé lo que quieras lindo, esta noche te vas conmigo”. Error. La broma no causó gracia. Me pegó un empujón bastante (demasiado) violento gritando que dejara de molestarle. Más específicamente: “¡¡¡DEJAME DE ROMPER LOS HUEVOS!!! No lo ví más en toda la noche. ¿Me preocupé? Por supuesto que no. Entendí que era la última vez que nos comportábamos de esa manera en público y quedaba yo expuesto como un pelotudo.
La noche siguió. Y mejoró de una manera fantástica. Aparece un dios extremadamente varonil y sexy, con cara de loco, sexy, a ofrecerme drogas, sexy, con el cual terminé en el baño intentando remontar el estado calamitoso que me estaba provocando el alcohol. Y cuando pensé que el muchacho, sexy, no tenía el menor interés en mí, me sacudió un beso, sexy, de lo más desorientador. ¡Sexy! Para terminar yéndome a su casa, a verle consumir psicofármacos como maní con chocolate y teniendo el mejor sexo en lo que va del año (sin contar a Bruno, claro). Sexy. Pero muy. De esos tipos que los mirás durante toda la visita higiénica y te decís “¡no puedo creer que me estoy comiendo esto!”
Nos pasamos los números. Dudo que lo vuelva a ver. Sexy. Beautiful stranger. Y nunca más me acordé de mi (ahora) ex.

I am Sam

Recién hoy puedo sentarme a relatar el fin de semana. Además de la falta de tiempo (nunca creí que esa frase trillada de “estoy tapado de trabajo” me iba a corresponder) creo que la excusa principal es que recién hoy estoy asimilando todo lo sucedido.
De manera muy positivista, ordenaremos los hechos (sociales, tomados como “cosa”) (¡y qué pedazo de cosas!) para entender mi devenir de una especie de Carrie Bradshaw a la putísima Samantha Jones.
Viernes 12: “el champan las pone mimosas”
El plan era el siguiente: ante la negativa de Inés a concurrir al cumpleaños de nuestra ex compañera de secundaria (“la Turca”) y mi imposibilidad por no haberme llevado bien con ella en 5 años, la idea fue sumarnos al último escalafón del festejo, que era ir a bailar a cierto boliche gay con nombre de continente en el cual habría canilla libre de lo que se te ocurra toda la noche y un supuesto show sorpresa.
Salvo por el pequeño detalle que tal show nunca existió (en realidad el espectáculo eran las tres ex bailarinas de Ricky Maravilla, lo cual equivale a tres monos capuchinos con tetas y pelucas) la canilla libre era una realidad. Y allí estábamos, Inés, Nacho y nuestra ex compañera Angie (una de las pocas copadas que da gusto volver a encontrarse) (en realidad nos da gusto porque reniega de su vida de casada y con hijos) ingiriendo alcohol (más exactamente: champagne berreta) como sedientos desesperados en ese Sahara de homosexuales semidesnudos y de pelos extremadamente planchados.
Todo era jolgorio. La noche era extremadamente festiva hasta que recibí señales de quién menos quería recibir. Y como han venido sucediendo las cosas, ese “quien” se encontraba con todo el derecho de arruinarme la noche. Mi (ahora) ex empezó a hacer el trabajo sucio de manera lamentable: por mensaje de texto. Y yo, como siempre, me empecé a marear. Sentía que me llovían sintagmas que formaban mensajes invitándome a retirarme y salir corriendo del lugar. Sentía que flotaba en el aire viciado, colgado de las burbujas del champagne barato y cualquier poción mágica que me pusieran en las manos. Todo ello (excusémonos) me empujó hacia la puerta de salida. Y así como así estaba caminando en la calle. Borracho. Medio drogado. Patético.
Lo que sigue se resume así:
1) mensaje de mi (ahora) ex diciendo que había llegado a la casa de mi vieja y se iba a dormir
2) llamada mía, estúpidamente violenta, pateando una pared y preguntando a los gritos por qué se empeñaba en cagarme la noche para terminar en la nada misma.
3) yo subiéndome a un taxi.

Yo cayendo en sus brazos.

Yo pasado confesando un amor que nunca se me fue.

Yo pidiendo la lógica del engaño.

Yo intentando entender otra vez qué hice mal para que busque cosas fuera de mí.

Yo mostrando ese lado patético que solo él ha visto.

Yo pidiendo que me amen.

Total que terminamos desayunando pacíficamente en un café de Palermo, reprochándonos lo mismo de siempre, hablando de los amores frustrados, de nuestra imposibilidad como pareja y las dificultades para con los nuevos personajes que aparecen en el plano amoroso/erótico.
Volví a casa a las 10:30. Con alegría y tristeza. Y con el dolor de cabeza correspondiente. No tanto por el alcohol, sino por la frase que resonaba como una pelota de ping pong (más bien una de basquet): “extraño demasiado algo, y no sé qué es”.

El Puto Extranjero

Ayer estaba caminando por Palermo (fuimos a merendar a mi lugar favorito con Santino) y veía que poco extrajero anda por esos lares. Antes Palermo era una especie de tourist-village, repleta de idiomas. Era una especie de torre de Babel, amasada hacia los costados, en la cual se coincidía a través de un inglés exagerado, ese inglés que se habla “porque estuve en niua ioaark” (New York) (o el viejo Nueva Shork… no?). El tema es que hoy día, o al menos en esas horas que ando paseando por Palermo, los extranjeros ya no son lo que eran antes, diría mi abuela. No son hormigas con cámaras digitales, gafas de leer y blondas cabelleras. Son parte del paisaje, tal vez, y están ahí. Es como si vinieran incluidos con las mesitas minúsculas que ponen los restós en la vereda.

Y pensaba en los putos extranjeros. El puto extranjero es todo un personaje. Porque no todos caen por lo mismo (claro, como un cualquier lugar del mundo). Así que, en esta nueva tipificación, haremos (como siempre) una sub categorización:

  • El PE que viene por trabajo
  • El PE que simula venir por trabajo
  • El PE que viene de vacaciones
  • El PE que viene de vacaciones…gay.

El primero usualmente ronda los cuarenta años. Trajeado, ronda por restos de Puerto Madero o Palermo, con distinción y clase. Con cara de “soy extranjero, curtime porque estoy lleno de moneda extranjera”. Se aloja, preferentemente, en algún hotel friendly. Deja posteos en cuarenta sitios de levante para dejar en claro que va a estar “in Buenos Aires looking for fun”. Y por supuesto, el fin de semana cae en el boliche más pedorro de Buenos Aires porque el conserje idiota del hotel, que no tiene la más remota idea de la movida gay, le dijo que cierto boliche con nombre de continente “se re pone… is beri gud!”.

La sub categoría de este también es aquel que se instala pacíficamente, sabiendo que Buenos Aires es un buen lugar en el mundo para vivir y decide insertarse en el mercado laboral argento. Porque es conciente que la buena vida, ya sea en dólares o en pesos, cuesta. Bruno, por ejemplo, entra justo ahí.

El segundo no se sabe exactamente qué diantres hace acá. Es un bacán que no expresa necesidad alguna de trabajo. Entonce siembra la duda. Y ante demasiada pregunta acusa que está “resolviendo algunos negocios”. Entonces aquel puto que quiere salvarse como lo han hecho nuestras afamadas botineras, se le cuelga del cuello pensando que se lo va a llevar por el mundo en plan de living la vida loca. Mi sospecha: son narcotraficantes o agentes secretos de la CIA.

El tercero es un gay cool. Relajado. Sabe que en Buenos Aires pueden robarle hasta la ropa interior (caminando por la calle o gozando de sus más bajos instintos en una cama). Así y todo anda con el sol en la cara. Usa unas franciscanas dignas de ser incineradas, camisas que bien podrían servir de disfraz hawaiano y gafas de colores estridentes que llaman la atención. En general no se preocupan por nada. Solo si algún argentino les juega al novio y el pobre extranjero llora por la fecha de vuelta.

El cuarto es el infierno hecho turista. Viene con una imagen en la cabeza: HOMOSEXUALES EN SUNGA BAILANDO SUDADOS. El turismo gay está focalizado en excursiones tristísimas en las cuales hasta el obelisco se transforma en un falo admirablemente viril, salidas guiadas por la movida gay nocturna (parecen una colonia de vacaciones… da la sensación que los pobre muchachos hasta piden permiso para ir al baño) hasta que se hinchan las pelotas y arrancan solos. Y ahí agarrate. Salen en búsqueda de trofeos que despierten en su cama de hotel. Cualquier tugurio es el paraíso, mientras haya torsos fibrosos que griten “EAT ME!”.

Archívese, hospédese, diviértase… (y en algún que otro caso) depórtese.

Chance

Después de semejante día, el encuentro con Santino no fue de lo más agradable que digamos. Lo último que necesitaba era, en principio, esa frase violenta en la puerta de mi casa, como si me fueran a secuestrar por haberme desaparecido. Tenía la cara desfigurada. Se notaba que quería verme. El problema es que no quería verlo a él.

Así y todo lo invité a pasar (se había invitado solo, de todas maneras) y ni bien entró empezó con su discurso new age de recuperación express. Yo estaba atónito, no creía que me estuviera diciendo eso. Que me incluyera en su supuesto cambio tan necesariamente.

No pude darle una respuesta a lo que estaba hablando. Me pedía mi opinión. Me pedía que diga sí. No sé qué me pedía. O no entendía bien. Evadí el tema unos minutos ofreciendo un refrigerio que me diera un mínimo tiempo para pensar. Se suponía que, después de la fiesta en la que conocí a Bruno, las cosas me habían quedado en claro. Pero verlo otra vez me confundió.

Santino

“¿No vas a decir nada?”

Juanjo

“Me siento la enfermera que sacó a Maradona de la cancha en el ’94”

Santino

“Jajaja… algo así, no?”

Juanjo

“Por primera vez voy a decir esto”

Santino

“Ay…”

Juanjo

“Me gustas. Me gustas mucho. Creo que lo sabés. Pero no se cuánto derecho tenés a pedirme que sea tu enfermera anti dopping”

Santino

“¡No te estoy pidiendo eso!”

Juanjo

“Sí, lo estás haciendo. No tenés nadie coherente al lado tuyo que te ponga media pila para cambiar. Yo no estoy muy cuerdo que digamos tampoco… pero el tema es cuánto me corresponde estar al lado tuyo… o cuánto me bancaría en tu supuesto camino a la purificación de tu alma y blah blah blah”

Santino

“Te quiero”

Juanjo

(en su cabeza) “LA GRAN PUTA!!! YO TAMBIEN!!! SOS HERMOSAMENTE SEDUCTOR Y ME CAGO EN MI…”

(en voz alta) “Querete a vos… que se yo… vos crees que comiendo distinto vas a dejar todo lo que te estás metiendo?”

Santino

“Intentémoslo, porfa… Tenés derecho a cagarme a trompadas si no ves cambios”

Juanjo

“Te vas a enterar si no veo cambios. Estoy confiando en vos. Sabelo”

No me pregunten por qué… pero sentí que esta era una buena oportunidad para demostrarme cuán pelotudo puedo llegar a ser. Necesitaba saber cuán de cierto había en ese “te quiero”. ¿Se puede querer a alguien en tan poco tiempo? ¿Se pueden poner expectativas en esto? Siempre me pregunto lo mismo. Supuse que, si la cosa viene tan mal, no puede ponerse peor.

El sábado fui a una fiesta con amigos. En Palermo. Demasiado top. Llena de famosos de 2da y mucho gay vogue. Decidí reírme de la situación. Decidí divertirme y dejar de pensar en cuántos voy, cuántos me faltan y cuántos necesito para saber si existe o no el príncipe de Disney. Hasta que mi propio experimento me tocó la espalda dos veces:

Reunión en el baño 1: (lavandome las manos) El regreso de los muertos vivos

Ricky Ricón Jr.

“¿Estás sobrio?”

Juanjo

“Sí, estoy con mi grupo de alcohólicos anónimos”

Ricky Ricón Jr.

“No supe más de vos”

Juanjo

“¿Me estás tomando el pelo?”

Ricky Ricón Jr.

“Es que después de vernos, esa noche, salí caminando y me robaron el celu, billetera, todo bah… y no tenía forma de contactarte. No lo iba a llamar a tu hermano, no daba”
Juanjo

“Mirá vos… qué garrón”

Ricky Ricón Jr.

“Pasame tu cel… deberíamos tener una segunda cita, no?”

Juanjo

“¿Podés creer que me robaron anoche a mí? Terrible, andaba en pedo y me afanaron… cuando vuelva a tener celu te llamo, si?”

Ricky Ricón Jr.

“Pero tenés mi num…?”

Reunión en el baño 2: (haciendo pis) Humor poco gourmet

Bruno

“Tenés una cola muy grande”

Juanjo

“Callate pelotudo de mierda! Dejame mear tranquilo!!!”

Bruno

“Juan… que te apures.. se está haciendo cola como la vez pasada jaja”

Juanjo

“Uy Bruno! Puta madre… no te conocí la voz!”

Bruno

“Qué bueno encontrarte aquí… tomamos algo?”

Juanjo

“Ya tomé demasiado… me estoy yendo”

Bruno

“Te acompaño?”

(MOMENTO EN EL CUAL SE SUPONE QUE DEBO HACER LAS COSAS BIEN)

Juanjo

“No Bruno. Gracias. Hoy quiero dormir conmigo”

Bruno

“…”

Me fui a casa solo. Cuando estaba llegando me llamó Santino. Estaba  viniendo. Sobrio, límpido. Fue la mejor noche que pasamos juntos. Quizá sí funcione esto.

Los 3 pasos hacia . . .

…vaya uno a saber dónde. La felicidad es inalcanzable, así que no seré pretencioso. Del 30 al día de la fecha (ya dije feliz año como comentario, así que no haremos alusión a eso) todo sucedió en tres grandes (y positivos) bloques. Pensé que mi vida se iba a complicar horriblemente y que íbamos a a estar toda esta semana debatiendo acerca de mis frustraciones y desencantos y males familiares. Pero no.

 Parte I: “de mi madre y su pedo cósmico”

Si hay algo que no nos corresponde a mí y a mi madre es la privacidad. Es imposible (y está más que comprobado) que por una cosa u otra nunca podemos charlar solos. Siempre termina alguien al medio. Esta vez me citó para intentar convencerme una vez más de ir a su casa el 31 a la noche. Cosa estéril desde hace años, nunca puede convencerme. Como segundo tema, obviamente, tenía a mi (ahora) ex, pero como la censuré de entrada no le quedó más que contarme que en breve el muy imbécil se va de viaje. Insistí con que no me contara. Pero me adelanto que en breve voy a tener que ser partícipe de ello. Sigo ignorando el dato. Y como último tema, como frutilla del postre, mi madre me sorprendió con algo  muy agradable: SE VA CON MI PADRE DE VACACIONES. Por supuesto, no quise interiorizar en el tema, aunque ella destilaba detalles e intentos de comentar como terminaron cuando todos nos fuimos el 24. Mi padre apareció en medio de la charla, con Martina mi hermana con cara de felicidad ambos. Todos parecían contentos con las nuevas tomas de decisión. Así que decidí no dejarme apabullar, no darle cabida e irme en son de paz.

 Parte 2: “Acerca de fiestas y buen comportamiento”

Ante la invitación de Santino de recibir juntos el año venidero con sus amigos me puse a pensar en qué debía hacer, pues la verdad es que el comienzo de un nuevo año para mí siempre ha sido importante. No es que espero la fecha con una ansiedad incontenible, pero me gusta festejarlo. Cuestión que me organicé debidamente, hablé con el muchacho en cuestión y creímos conveniente cenar y esperar las doce cada uno con sus amigos y luego congregarnos en algún lugar en común.

Yo por lo pronto la pasé de maravilla con Inés, en su bella morada, junto a un montón de amigos. Como nunca, me puse serio (“careta” según mis amistades) y medí las copas y demases ingredientes que siempre abundan en nuestras fiestas. Como diría mi tía, me porté como un señorito inglés.

Luego de decidir usar nuestras piernas y dejar de rezar por un taxi milagroso movimos todos a nuestro boliche de referencia, en el cual la música es maravillosa y prácticamente nos sentimos como en casa. Allí apareció él, con sus amigos, que no tenían absolutamente nada que ver con el lugar. Las caras de todos eran como si estuvieran en el lugar bajo amenaza de muerte. Era claro que Santino estaba haciendo un gran esfuerzo por estar ahí. Claro, nunca le pregunté ni qué música escucha, ni si le gusta salir, ni siquiera qué onda sus amigos. Nada de nada. Allí me percaté que, por más bello y atento que sea, sigue siendo un poco un desconocido. Así que en medio de la fiesta decidí tener piedad de él y retirarnos. Mintiendo, claro

Juanjo

“Santi, vamos…”

Santino

“pero estás disfrutando, no hay drama”

Juanjo

“Tu cara también… dale, vamos”

Santino

“¿No te jode?”

Juanjo

“Dale, vamos…”

 

Parte 3: “De propuestas e inseguridades”

Cuando nos retiramos del boliche, lo más cómodo fue ir para su casa, pues quedaba relativamente más cerca que la mía. Llegamos y empezamos nuestro propio brindis. Y no detallo más porque, ahora que lo veo con distancia, puede llegar a sonar meloso casi vomitivo. Estuvo todo más que bien hasta que me hizo la propuesta temible. Aquella que modificaría mis (no) planes. El tópico que discuto con amigos hasta para terminar haciendo lo que se me canta. Me pusé en pelotudo y no le pude responder nada, más que evadir el tema haciéndome el gracioso. Y provocando un enojo, claro.

Santino

“Yo se que podría ser muy apresurado, pero…”

Juanjo

“Nos tenemos que ir a Usuahia para eso”

Santino

“Estaba pensando en la costa”

Juanjo

“Pero en la provincia está compleja la mano, todavía”

Santino

“Bueno, Cariló es tranquilo”

Juanjo

“PERO DESDE CUANDO LOS HOMOSEXUALES SE PUEDEN CASAR EN CARILO?! POR FAVOR!”

Santino

“Ufff.. lo hablamos mañana…”

Puto Cajita Feliz

Subió a mi departamento como si ya supiera de qué iba. Pues claro, ya lo conocía. Me había depositado como un cacho de res sobre mi cama la madrugada anterior. Santino como un buen caballero vino a presentarse. Pues sintió que lo que había pasado (me dejó en duda por unos minutos cuando dijo “lo que pasó”) no era digno de rotular como presentación (no… no pasó nada).

Santino tiene 31 años, es abogado y se trabaja para una ONG. Es morocho, alto (más alto que yo), tiene ojos marrones con un dejo verdoso, chiquitos, con boca grande y muchos dientes, como si tuviese mas dientes que un ser humano, que le arman una sonrisa terrible. Es masculinamente delicado. A ver si se entiende, tiene una voz gruesa, contundente, con presencia de macho, pero con gestos delicaditos. Pero no maricones, sino… eh… suaves, tranquilos. Si lo ves andando por la vida creerías que es padre de familia, tiene una bonita casa, una bella mujer y dos bellas criaturas. Es de esos tipos que te morbosean por imaginarlos con familia (el padre de familia es todo un tema a tratar) (son como lobos con piel de cordero).

Santino volvió a casa para presentarse y para dejarme en claro que le gusto. Santino no se anda con vueltas. Santino podría ser el Puto Combo Completo. Aunque hay algo (como siempre) que no me cierra, así, a simple vista. Podría ir derecho a lo que puede interesarle, dado que ni nos conocemos. Pero no. Es más sensible. Santino no volvió el 25 a garchar, a sacarse las ganas de lo que podría haber sido la noche anterior. Santino dejó en claro que estas cosas no las hace muy seguido, que si se las juega es porque presiente que hay algo más.

(Mi pregunta mientras hablaba era ¿cómo diablos alguien percibe que puede haber “algo más” con alguien que sacas como a una bolsa de papas de una fiesta y le tirás en su casa?, raro, eh?)

Santino

“No me preguntes qué, pero hay algo que, cuando te vi bajando la escalera…”

Juanjo

“Vamos! No fue nada épico, fue patético”

Santino

“Sos como torpe (COMO)… sos gracioso, en la fiesta estabas tan…”

Juanjo

“¿Borracho?”

Santino

“Desnudo”

Juanjo

“¡¿Quedé en pelotas?!”

Santino

“No hombre! (HOMBRE) como que no podías hacerme ningún personaje”

Juanjo

“Ah… sí, pasa. Todos atacamos con un personaje, a veces”

Santino

“Me tengo que ir… ¿me das tus números?”

Juanjo

“Oookey… igual sabés donde vivo, podés mandar amenazas a domicilio directamente”

Santino

“te puedo…?? eh…”

Juanjo

“Huelo a alcohol aún, si no te molesta…”

Y me encajó el beso más lindo de los último meses. Mejor de lo que besaba Nico el team leader, mejor que los de mi ex. Santino además besa bien.

A la hora me llamó el Niño Pez para dejar en claro que en una semana nos habíamos convertido en muy buenos amigos y para que me detallara la guachada que le hizo a mi (ahora) ex. Quedamos en tomar una cerveza más tarde. Solo me adelantó que “va a pensar muchas veces lo que te hizo… muejeje”.