Crimen

Y de repente retrocedí un par de años y volví a las andanzas nocturnas. Por primera vez en mi vida (salvo por mis debilidades musicales de los ’90) la palabra retroceso no me molesta en absoluto.
Dado que el viernes y toda la tarde del sábado estuve esquivando a Nico de manera maravillosa (llegué a meter el celular en un baúl para no atenderlo) ayer a la noche decidí romper con esa sensación de desencanto y antes que me deje tirado en el sillón mirando Bridget Jones o alguna de mi mejor amiga Drew, comencé a llamar a la reducida lista de amigos solteros que aún me quedan (mis amigos siempre han sido más grandes que yo, por ende la mayoría ya han seguido las ideas de Roca a rajatablas, se han casado y han intentado con ganas poblar la patagonia). El único que se solidarizó con la causa (tuve que contar el cumpleaños para dar lástima) fue Guillermo, un ex compañero de trabajo con el cual yo fantaseaba y creía que, cada vez que me pedía ganchitos o banditas elásticas en la oficina, había cierta tensión sexual.
Una vez congregados, junto a su amigo Romualdo (cuando no conozco a alguien y me cae mal de entrada, se gana ese nombre) emprendimos el camino a cierta fiesta que varios de mis amigos suelen concurrir y que yo solía desestimar por pura ignorancia y cierto desprecio a sus organizadores. Dejé mis prejuicios de lado (como buen investigador) y me dejé ir. Sabiendo que el lugar iba a estar plagado de homosexuales y que los fumadores son bienvenidos, el lugar de pronto se asemejaba al paraíso. Detalle poco menor en estos casos: comprar un trago ahí es más barato que el disco de Silvia Süller, con lo cual con unos pocos pesos y pocos minutos uno puede ponerse hasta las trancas sin mayor esfuerzo.
Cuestión que ahí estaba yo, haciendo un espectáculo que ya casi había olvidado: sentirme el rey de la noche. Con un look homosexualmente combinado y actitud ganadora (¿?) pisé la pista à la John Travolta esperando ser el blanco de algún bello muchacho que quisiera enroscarse como un reptil en mi cuerpo. Es sabido que de esas fiestas muy pocos saltan a la cama de a dos, pero el hecho de besusquear a alguien ya se había vuelto tarea a cumplir. El problema es con quién hice los deberes.
A pesar de las pocas copas consumidas hasta ese momento y un estado claramente conciente, empezamos con mi ex compañerito un jueguito histérico que (en cuanto Romualdo se retiró de la parcela que nos habíamos adueñado en la pista) se materializó en un besusqueo apasionado de alto voltaje. Y la mierda con Nico y el mundo entero.
Claro, retornó Romualdo y, estúpidamente, Guille hizo como que “aquí no ha pasado nada”. Mentira, porque el su buen amigo parecía estar al tanto de que ese idilio estaba por suceder. Cosa que confirmó cuando (Guille ausente) me miró con una complicidad que no nos correspondía y soltó: “después de tanto tiempo… era inevitable ¿no?”. Respondí, infantilmente, que no sabía de qué diablos hablaba, haciendo uso de la complicidad alquilada. Y en cuanto Romualdo se alejaba de la escena del crimen otra vez volvía a delinear el cuerpo de mi “viejo amigo” con tiza y dramatizábamos los hechos ocurridos con gran perfección.
Más allá de la connotación erótica que siempre se dejó entrever en nuestro vínculo, supongo que el alcohol, como siempre, permitió salirnos de la cruel realidad por una noche. ¿Pueden ponerse expectativas reales sobre algo que nació de una irrealidad?

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4 Respuestas a “Crimen

  1. a full con las fantasias con compañeritos de trabajo!!!! voy a empezar a invitarlos a fiestas gays a ver si se me da a mi tambien!!!

    como termino la cosa?

  2. me encanta tu marido, me encanta.
    la idea de gastar en alcohol, menos plata que en el disco de silvia Sühler, me dio ganas de comprarme el disco de silvia.
    dónde puedo hacerlo?

  3. Hasta hace un año lo encontrabas en cualquier musimundo por $0,89. Habría que ver si no lo descatalogaron y cómo quedó Silvia, cuando se disparó el dólar, en el mercado.

  4. Ahi vaaaaa! Ese es mi investigador, consume su papel JJ

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