Sex & the Subte

Si algo tiene Buenos Aires, de sobra, son episodios inesperados. Bizarros. Ridículos. Con solo caminar por cualquier calle algo te puede sorprender, llamar la atención. Podés ser parte de la escena o simplemente convertirte en espectador. Las personas, como siempre insisto, en cuestión de segundos se vuelven personajes que entran en acción. Pues sí, los seres humanos en sociedad tienen la necesidad de interactuar. Y hay quienes necesitan interactuar verbalmente, físicamente y todos los “mente” que se te puedan ocurrir.

Hoy decidí tomar el subte para acelerar mi llegada a casa. La línea venía con demora, pero poco me importó, pues ya estaba ahí abajo y, hasta que me percato que lo que era una solución se vuelve un problema, solo pensaba en subirme y que el destino decida a qué hora debía estar horizontal sobre el sillón.

El subte llega a la primera estación y me subo con el apuro de los porteños, sin necesidad, pues el tren se detendría (por cuestiones de comunicación fallida) entre 4 y 5 minutos en cada estación. Luego de escuchar la saturada voz de la conductora aclarando los pormenores provocados por la lluvia (suponemos) el vehículo por fin cierra sus puertas y comienza a moverse.

Segunda estación, la más trágica a mi parecer (pues allí es donde el vagón definitivamente se vuelve una lata de sardinas en conserva) sube más gente. Quedo entre el final del receptáculo móvil y una de sus puertas. Entre la manada de gente que sube queda pegado a mí un bello muchacho, rubiecito (los rubios mucho no me atraen, pero este tenía lo suyo), ojos celestes (es todo un cliché) con cara de bueno. Momento! A qué viene la descripción? No solo es una cuestión libidinosa, es todo un hecho que ocurre cada vez que me subo al subte. De tan aburrido (el viaje usualmente transcurre en casi el recorrido entero de la línea en cuestión) todos los días inauguro el concurso “El chico más lindo del vagón”. Mis ojos recorren cara por cara buscando muchachos que concuerden (en general) con mi gusto y entre ellos, sin saberlo, comienzan una ardua competencia por llevarse el premio. Más aún si la mayoría de los participantes hacen el mismo trayecto que yo. Cuestión que, ante la falta de concursantes en la primera estación, el rubiecito de repente entraba en juego y casi se declaraba ganador.

Arranca el tren (respetando sus tediosos minutos de demora) y el movimiento provoca que su mano (que reposaba sobre la punta de su maletín) vaya a parar directamente a mi entrepierna. Así sucesivamente hasta la próxima estación. Claro, en ese momento (incómodo, por cierto) pensé en las mil maneras de que el pobre muchacho no se sintiera incómodo también por el toqueteo provocado no por su propia voluntad, sino por la falta de espacio y el movimiento del transporte.

Tercer estación: la mano del muchacho sigue tocando, exactamente, mi miembro viril (mejor y ordinariamente llamado pito). Al bajar tan solo una persona, en medio del mínimo recambio, aprovecho y bajo mi mano improvisando una barrera entre Rubiecito y mi pito. De repente los dedos que “sostenían” la punta del maletín empiezan a entrelazarse entre mis dedos. Los muevo y, en ese momento, Rubiecito deja algo en claro: la culpa no la estaba teniendo ni el movimiento del vagón ni el quilombo de gente. Lo que estaba sucediendo era de su propia autoría: estaba plantando bandera en mi entrepierna y avisando en mi mano que estaba en un absoluto y burdo levante. Un completo desconocido me estaba toqueteando en el subte, con personas alrededor a no más de dos centímetros y con todo lo que la situación, se podrán imaginar, conlleva.

 CONTINUARA . . .

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11 Respuestas a “Sex & the Subte

  1. En una película y en tu vida eso es puntapié para el desarrollo argumentativo.

    En la vida real creo que hay personas que van presas 😦

  2. Entonces ¿dejó de estar en carrera para el más lindo del vagón o ganó el premio? Saludos.

  3. lueege: ojalá pudiera acusar esto a mi imaginación… se pone peor.
    sheebs: ganó por presentarse solo al concurso, pero no todo terminó ahí…

  4. se podria decir que mas de uno a tenido esa fantasia! y si el bajar al subte suele ser la opcion menos comodas de todas! jajaja

  5. Buenaaa winner!!

    (a mí nunca me pasan cosas lindas en el subte, te envidio)

  6. Cosas lindas… Esta bien, debe ser una experiencia increíble y llena de adrenalina. Pero no se si definiría de LINDO que me toque el tobul un desconocido en subte che

  7. ah, la pucha!

  8. hay pero no sabes cuantas veces me ha pasado lo mismo, desde las mas discretas situaciones hasta las mas desvergonzadas… y lo peor es que me paralizo ante esas situaciones no se como reaccionar.

  9. Por Dios, a mi tampoco me pasa….

  10. La verdad que eso es algo avitual en los subtes mas en la horas picos…yo eh llegado a ver grupitos de a tres y cuatros organizadosen el medio del tumulto tocarse disimuladamente pero como zooro que soy me doy cuenta …generalmente eso pasa en lso primeros o ultimos vagones de la formacion…

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