La traición

Esto acaba de ocurrir, con lo cual la tipificación del freaky del subte (con el cual siguió la historia) quedará para el día de mañana. Y no salgo de mi asombro.

Dado que el último encuentro con mi madre fue algo estruendoso y poco íntimo, decidimos intentar vernos de manera tradicional: yendo a comer a su casa como antes (todos los malditos lunes). Estas oportunidades servían para que Liliana constatara que la cocina no es su fuerte y que lo fuerte era mi estómago (y el del retso de los comensales). Nos ha deleitado con todos los libros de Choly, Chichita, el chino del gourmet, Narda, Dolly, Francis, hasta las sencillísimas gorditas simpáticas que salían por cable. Insistió hasta descubrir que lo más sano que podía hacer por nosotros era tener un ejército de imanes en la heladera con ricas empanadas, grasosas pizzas y maravillosos menús chinos. Descubrió que la felicidad del 50% de lo que le quedaba de familia dependía de si dejaba de jugar a ser Doña Petrona o no.

Al grano: mi madre organizó una cena en su casa hoy para poder verme y de paso congregarme con mis hermanos y su marido (y siempre de casualidad, la hija menor de su marido a la cual nunca toleramos).

Cuando arribé a casa ya estaban todos. Mi hermano Tomás ya estaba tomando un vino con su amigo Nacho (creo que el 60% de los rugbiers son Nachos) quien siempre se inserta en las reuniones familiares con una naturalidad asombrosa; mi hermana Martina, que es víctima de algún último vestigio culinario de mi madre (termina dándole “una manito” con el postre o alguna “entradita”) y el hiperquinético Ricardo, el marido de mi madre. Ah… y la hija. Que la llamaremos… son adjetivos peyorativos. No la nombraremos y punto.

El delivery de esta semana se trataba de una pizzería super top que tiene grandes rarezas sobre un cacho de masa. Innovan por armar una montaña de ingredientes sobre la pobre masa, los cuales llegan a destino hechos una bola multicolor. Así que ahí estábamos, todos contentos con el nuevo delivery que Liliana ha encontrado (hay que festejarle igual o más que cuando cocinaba sus porquerías gourmet), mientras padecíamos unos tomates rellenos que había hecho “con mucho amor” con Marti.

Martina

“Juan cambiá la cara, hace semanas que no te vemos”

Juanjo

“Estoy con la cabeza en mil cosas (¿?)”

Tomás

“¿Qué hace el puto de su vida? ¿Así que tenés una aren ahora?”

Juanjo

“…”

Martina

“No lo jodás Tomás…”

Juanjo

“La culpa no es del chancho… ¿Madreeee? ¿Vos le contaste al Contempomi deforme nuestra merienda popular?”

Madre

“es que son divinos Juani! De hecho volvimos caminando con Marianito”

Juanjo

“…”

Ricardo

“yo no entiendo como pueden hacer para salir de a tantos! Yo no doy abasto con tu madre!”

Juanjo

“no lo dudo”

Madre

“¿qué querés decir?”

Martina

“¿Todavía no sabe?”

Juanjo

“¿Qué debería saber?”

Tomás

“Tu ex está viviendo acá”

De repente sentí venir la tormenta. Mi madre, MI madre, así de loca, obsesiva, pesada, melosa, asfixiante, sobreprotectora, sobremadre me estaba engañando. Peor aún: me estaba TRAICIONANDO. Será lo que sea, pero es mi madre. Y me estaba jugando por atrás. El boludo de mi ex está (en este momento, y todos los de la semana pasada) viviendo a sus anchas en mi casa (ex, perdón) y nadie me dijo nada.

Martina

“te quise decir pero mamá pensó…”

Juanjo

“mamá no piensa, por lo visto”

Madre

“ay Juan, no seas insensible, no tiene casa”

Juanjo

“Muy rico todo, yo me voy”

Madre

“pero si no comiste nada! Quedate que en un ratito llega de trabajar Marianito y pueden charlar”

Martina

“ay mamaa!”

La idiota de la hija de Ricardo

“le dicen que el novio nuevo es re lindo y los mata jajaja”

Me fui. Sencillamente, por segunda vez en el mes abandonaba a mi madre. Con justa razón. La traición era general, todos estaban al tanto, pues todos conviven con ese monstruo acogedor de pobres y ausentes, menos yo. Salí pegando portazo novelesco y me llamé a trabajar en pos de mi proyecto. En realidad llamé a la madame del grupo:

Juanjo

“hola Ine… armá algo ya con el pibe del sábado”

Inés

“¿Seguro? mirá que otra vez no va a…”

Juanjo

“Necesito sacarme el cerebro, arreglame cita”

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10 Respuestas a “La traición

  1. Con el perdon te tu hno… pero el porcentaje restante de rugbiers se llaman Tomas…. ja!

    No te la puedo creer, ahora tu madre es Teresa de calcuta… bueno una madre siempre quiere lo mejor para nosotros… deberias contarle el pequeñisimo altercado que viviste con “Marianito”…. Conta masssssss

  2. Lo peor de todo es que lo sabe!!! No sé que le agarró ahora, debe andar culpogena por algo y en lugar de ir a ayudar en villas de emergencia, le da refugio a este boludo.

  3. hija de un cointeiner lleno de prostis! la traicion es poco titulo…

  4. Che, no se si es para tanto drama, de ultima, tu vieja esta portándose como un ser viviente bueno y nuevo. Esta piola que exista gente así, que sea por la razón que sea, de una mano, aunque el otro sea un pelotudo sin principios.

    Obviamente, enterarte así en una cena, es una cagada. Insisto, no te enojes con tu vieja, el desubicado que se aprovecha es el otro nabo, sin sentido de la ubicación.

    Que loco esto de andar dando devoluciones a un blog.

    Yo creo que Simona te puede tirar la posta. Simona lo sabe todo. Nana nanana, nanananananaaa.

  5. No se como hiciste para no prender fuego la casa!

  6. Lo pensé Jimena, lo pensé. Pero iba en cana y encima me iba a tener que fumar la condena social de haber matado a mi familia. Y quedaba re choto sacándola a Martina sola.

  7. Pero no sè si es tan jodida la condena social.
    A Barreda le fuè bastante bièn.

  8. ah… no hice memoria.

  9. tu hermano es un pelotudo.

    tu vieja me dejo sin palabras.

  10. la que me mato fue la hija del marido de tu vieja… hay que prenderla fuego viva.

    mi madre fue amiga de mi ex por años… como los odie, y todavia me mudo de pais y mi madre me pregunta si le puede dar mi e mail por que el se lo pidio….

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