Viaje a Drogolandia Parte II

La cama era un asco. Era incómoda. Poco acolchonadita. Los colchones practicamente eran sacos de arena. El baño ya lo describí y mi memoria no quiere volver a recordarle. La cocina compartida era una especie de revuelto gramajo gigante. De tener paredes de teflón, podría haber comido un pueblo entero de ese receptáculo lleno de comida por todos lados. La mujer del dueño del hostel ya había consumido su dosis de revista paparazzi entonces se dedicó a husmear cerca de nuestra habitación. Y en cada cruce por el pasillito lleno de helechos, la señora largaba un comentario “gracioso” (para ella) sobre nuestra habitación “para parejas”.

La playa era un placer. Poco viento, por ende poca arena volando. Santino olvidó el filtro solar en el hostel. La pereza hizo que nadie se preocupara por irlo a buscar. El primer día Juan José estaba rojo. Literalmente. Era el monumento a la langosta. Era un cúmulo de quejas. Pero a Santino no le importaba. Santino estaba inentando comunicarse por teléfono con un amigo (supuse) todo el tiempo. Hasta que empezaron a caer de a poco sus amigos. Todos empezaron a planear una especie de conspiración. Hablaban en código todo el tiempo. Y claro que presenté mi desacuerdo. Pedí que se dejaran de romper las pelotas con las frases cifradas. Nadie me hizo caso. Salí a caminar solo por la playa. Con el sol de espaldas. Pasé de rojo a morado.

Los amigos de Santino eran tres chicos con cara de desorbitados y dos chicas (altiiiiiiiiiiísimas y con cara de modelos fisuradas, unas Kates Moss tercermundistas). Todos con una importante cantidad de gafas que cambiaban varias veces al día. Según la ropa. Parecían salidos de una gráfica. Los amigos de Santino estaban preocupados por la noche. El día, la playa, dónde dormir y todas esas cosas que a mí me mortificaban y necesitaba saberlas resueltas y listas para disfrutar, poco les interesaba. Santino empezó a  comportarse como ellos, haciendo pausas para demostrarme su cariño y devolverme a mi nube. Santino se comportaba bipolarmente. Santino me empezaba a preocupar.

El día transcurría bastante felíz, porque esos cadáveres amigos de Santino no emitían mucha palabra. La noche era el tema. Se encendían. Empezaban a ponerse ansiosos, como si estuvieramos en la costa de Europa cerca de Ibiza. La gracia no era quedarnos en San Bernardo. La gracia era hacer un tour por boliches de la zona. De la costa, bah. Ahí descubrí los puntos débiles de Santino. Ahí entendí como un ser absolutamente responsable y coherente, con un gramo de más, puede convertirse en un completo imbécil.

Anuncios

5 Respuestas a “Viaje a Drogolandia Parte II

  1. Y ahora si te lo pido en “mi blog” posteas la parte III IV V?

  2. ¡Qué pena Juanjo!!!!! La desilución es horrible y no se levanta con nada de nada. Besos melosos y abrazos de oso.

  3. Jack! Qué soy? el fucking Shrek? hasta la V no paro…

  4. hay otras cosas aparte de la desilucion que con un gramo de mas no se levantan con nada… que pereza estos zombies de la noche….

  5. Dependiendo el contexto de la frase “hasta la V no paro”… es bueno y malo. Pero este posteo es medio relleno de empanadas de aire. Lo jugoso viene en el próximo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s