Ayer, ahora y…

Por supuesto: el hecho del fin de semana fue la maldita fiesta. Y más que por supuesto: no fui a cumplir con la vestimenta indicada. De hecho no fui a cumplir con nada ni con nadie. Caimos desubicados, como siempre. Muy desubicados. O nosotros nos tomamos las cosas muy a la ligera, o la gente está cada vez más detallista y estúpida. Porque convengamos que la felicidad de festejar tu cumpleaños (creo yo) no reside en si tus “amigos” (apuesto que de las 200 personas que había en ese lugar, el cumpleañero conocía a 20) se visten  de “dandy” o no. En fin, allí estábamos, saludando a un desconocido y demostrándole en su cara que no solo estábamos cayendo a su fiesta de garrón sino que además no estábamos cumpliendo con la premisa. No pasamos desapercibidos. Cuando más nos señalaban nosotros más nos reíamos (yo todavía no entiendo por qué no nos echaron).

El anfitrión de la fiesta (AY DIOS, ES UN PSEUDO ACTORCITO GAY DE UNA SERIE DE LA TARDE, NO PUEDO DECIR MAS!!! DIOS!!) hizo su “entrada” triunfal (primero te recibía en la puerta del lugar) (topísimo, de hecho) con la canción de aquella publicidad espantosa de Cinzano (claramente: la que mitificó ese triste personaje llamado “dandy”) haciendo un pasito jazzero muy desafortunado y suavemente homosexual. ¿Con qué necesidad? Pensaran ustedes… pues nosotros estábamos cada uno con un vodka tonic en la mano y boquiabiertos pensando lo mismo.

Pasada la triste presentación, nos dispusimos a recorrer el lugar (había “finger food” pero nostros solo hicimos usufructo de la barra libre, obviamente) y allí comenzaron a aparecer mis errores y aciertos:

Nico, el teamleader

“¿Fuera del edificio tengo derecho a volver a hablarte?”

Juanjo

“Ay ay ay… ¿qué se responde? Nunca te dije que me dejaras de hablar”

Nico

“Ehhm… pero no me saludaste más”

Juanjo

“Ay Nicolás!… bueno, son determinaciones que toma uno”

Nico

“Bastante estúpidas por cierto… sabés el garrón que me tuve que comer, los chicos me preguntaron días y días seguidos si podían bajar a hablar con vos”

Juanjo

“Si por ‘los chicos’ te referís a las mariquitas que tenés en tu piso, te agradezco que se lo hayas negado”

Nico

“Querés tomar al.. ah, ya estás… emmhh… ahí viene Inés, me va a mirar mal… ehhm… ¿te puedo llamar en la semana?”

Juanjo

“Cuando quieras. Ya se me pasó el raye. Ta todo bien. Podemos ser grandes amigos que se encuentran en el café de la esquina…”

La pregunta que me rondaba en la cabeza es como hace uno para enfrentarse a sus propios errores, a aquellas cosas que, quizá por prejuicio o lo que sea, no supo resolver de una buena manera.

Bruno

“JUAN JOSELO!! COME STAI?!!”

Juanjo

“Brunildo! No grites por favor… bien bien… qué hacés acá?”

Bruno

“El catering lo hacen los del restoran donde trabajo… vamo’ a casa?”

Juanjo

“Acabo de llegar… no dá”

Bruno

“Pero está todo bien, ¿no?”

Juanjo

“Tomá… tomate esto… está todo bien”

¿Qué le decís a semejante hombre con el cual sabés que, si se salen de los límites de una king size poco se van a entender? Nada, no se le dice nada. Se trata de escapar de la manera más elegante posible. Uno en esos casos se encuentra en la delgada línea entre conservar buen sexo + extras y el intento de un romance que iba durar menos que el matrimonio de algún famoso hollywoodense.

Me escapé de la conversación por qué no sabía a dónde iba ese “está todo bien”. Quise y no quise  ponerle connotación extra a  lo que ya significa. Nos volvimos a unificar con los chicos y disfrutamos de la fiesta excesivamente generosa (en última instancia felicitamos al muchachín por dar tanta felicidad en forma de tragos!). A la cuarta copa, Juan José creyó que era hora de trabajar (ya estoy sonando como una prostituta VIP). Qué mejor que ese lugar para encontrar un nuevo objeto de estudio. Entre semana ninguno de los objetos nuevos había aparecido. Pues claro que había que buscar uno nuevo. El tema que yo en ese lugar era una piltrafa. Era una cosa vestida normalmente mientras todos estaban enfundados en disfraces (que suponían no serlo). Pero, por supuesto, detrás de toda escenografía está la verdad. Y la verdad es esta: SON PUTOS IGUAL. Más o menos galanes, somos todos del mismo material. Y a la hora de los lamentos (eso de las 7, mas o menos) nadie se quería subir a un taxi solo vestido (a esa hora) tan ridículamente.

Nosotros, por supuesto, nos íbamos en barra. Como (casi) (bueno, muy raras veces) siempre. Me estaba por salir de la fiesta y un pequeño cuerpo se me acercó y me detuvo, con la mirada nomás.

Franco

“Me llamo Franco, se quién sos, no se qué hacés, pero creo que ahora, AHORA, no te tenés que ir”

Juanjo

“¿Ppp.. perdón?”

Franco

“Trabajás abajo de Nicolás…”

Juanjo

“No no, perdón, trabajaba abajo de Nicolás… ahora ya no LE trabajo más”

Franco

“Qué boludo… jaja… ¿te quedás un ratito? Estoy solo…”

Y Juan José encontró un nuevo objeto de estudio. En la fiesta Dandy. A las 7:15 de la mañana. Y hoy martes, a la noche, tiene una cita con él.

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3 Respuestas a “Ayer, ahora y…

  1. Creí que franco iba a decir “sos Juanjo, el de 100 putos para Juanjo” jajaja

    Que bueno la vuelta de Nicolas! es uno de mis personajes de tu estudio preferidos, no se por qué.

  2. JAJA el team leader, de culo falso!

    Hoy es miércoles ya no? Que habrá sido de JJ y su objeto…

  3. Estamos muy a gusto tirados en su cama mirando “Jules at Jule”…. 🙂 🙂 🙂

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