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Pueblo chico

Vivir en Buenos Aires, a veces, no tiene diferencia alguna con otras ciudades más chicas del interior. La mayoría de mis amigos (a diferencia de Ine y yo) no nacieron en esta jungla de cemento, así que el dato certero que sustenta la primera afirmación lo obtuve de ellos.

Alejandro nació en un bello pueblo de la Provincia de Buenos Aires, Tandil. Entre los puntos que se desarrollan en el curriculum de cualquier cita, siempre se destaca el que pregunta ¿y cómo es ser gay en el interior? (siempre se lo pregunta alguien que tiene la seguridad de ser gay en una ciudad cosmopolita como si no hubiera reprimidos entre los miles y miles de gays que andan por la gran city) y Ale odia esa pregunta. Porque odia la respuesta.

El problema que tenían mis amigos cuando no vivían en Buenos Aires siempre fue que, de alguna manera y otra, se convertían en celebridades excéntricas, sin llamar la atención eran el freak show del pueblo. Y algo realmente molesto: todos se conocen con todos. Siempre acusan lo mismo. Nacho (que viene de La Pampa) llegó a tener 5 coincidencias entre sus novios y/o amantes. Uno se había acostado con el otro y el otro con el otro que se acostó con ese otro (en mi cabeza, cada vez que me lo cuenta, me los imagino jugando al Twister) (bueno, una versión caliente de Twister).

Buenos Aires es una maquinaria tan gigante, tan grandilocuente, que uno termina siendo una partecita bien pequeña que ayuda a un gran engranaje a que se mueva. El problema es que las partecitas, para funcionar, tienen que entrar en acción unas con otras. Y en esa interacción las partes terminan conociéndose unas con otras. Ayer me percaté de eso. Bah, lo re confirmé. Acá, como en cualquier lugar del mundo, todos terminan conociéndose con todos. Yo no soy la excepción, claro.

La noche de anoche dictaba tragos por algún lugar conocido para luego irnos a dormir tranquilos. No más que eso. Estábamos en la barra del lugar donde fuimos con Ine, Ale, el Niño Pez, Nacho y el otro Nacho y de repente sentimos que nos estaban observando. Claro, nos parecía extraño porque, aunque vamos siempre a ese lugar, a esa banda nadie la conocía. Ninguno de nosotros en su vida había visto a esa gente. Lo primero que supusimos fue que alguno de ahí estaba teniendo intenciones con alguno de aquí. Intentamos no hacer caso, pero las miradas eran cada vez más recurrentes y lo único que pensábamos era en qué pesados se estaban poniendo.

Hasta que un valiente muchacho nos sacó la duda:

Desconocido
“¿Cuál de todos ustedes es Juan?”

Juanjo (levantando la mano)
“Presente”

Desconocido
“Ahhhh… nos tiraron bien la data. Ok. Vos y yo deberíamos tener una charlita, creo”

Juanjo
“¿Debido a…?”

Desconocido
“Debido a que te garchaste a mi novio”

Inés
“Uh uh uh… flaco… estamos todos tranquis, no queremos escándalos, así que seguí en la tuya..”

Juanjo
“Gracias Ine. Ella es mi abogada. A ver, no entiendo… ahora me mata la intriga ¿qué matrimonio rompí?”

Desconocido
“El mío con Fermín”

Juanjo
“PERDON?!”

Desconocido
“Sí sí… vos deberías revisar tu agenda lindo… me parece que se te está juntando el ganado. Y deberías averigüar la vida de la gente, antes de hacerte la novela”

Ale
“Che… lo de Fermín no fue hace años?”

Juanjo
“Esto me supera… (mirando a los chicos) ¿vamos?”

Desconocido
“EU! vos no te das cuenta de lo que provocás… tipo que si salís con alguien, mínimo preguntale con quién estuvo antes o si está con…”

Juanjo
“Nos estamos yendo. Un gusto che. Una preguntita de despedida… ¿vos sos de Buenos Aires?”

Desconocido
“Sí… nací acá… ¿y eso que tiene que ver?”

Juanjo
“Se los dije… no hay diferencia”

La madrugada terminó en casa de JP. Charlando del tema. Y haciendo conexiones, terminamos coincidiendo lejanamente en algunos cuerpos. No me pude dormir hasta el mediodía, creo. Me rondaba una sola pregunta en la cabeza: ¿podré encontrar un nuevo objeto de estudio que no me una, de alguna manera, no tanto su pasado sino su presente y su futuro?

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Cuatro Habitaciones…

…hubiese quedado re bien. Porque así empezó. Lástima que la cosa terminó en una.

Todos volvieron de golpe. Y todos eligieron congregarse en el mismo lugar. El Niño Pez la semana pasada (creo) me había adelantado que mi (ahora) ex lo había invitado a viajar con él por Perú. Tema del cual no me había enterado nada más. Hasta que me llamó y me puso más que al tanto:

Niño Pez

“Juan José no te enojes. Estas semanas mi vida a dado un giro inesperado y…”

Juanjo

“Te enamoraste del imbécil, no?”

Niño Pez

“…”

Juanjo

“Confesá… se sabía… y no me parece mal”

Niño Pez

“Enamorado… bueh… tampoco la pavada… ¿por qué andás tan pacífico vos?

Juanjo

“No seas idiota. Nada nuevo. Voy al hecho que porque me haya cagado a mí no implica que lo vuelva a hacer… que se yo… ¿se van a Perú?”

Niño Pez

“Sí, salimos de la casa de tu vieja para Ezeiza… Venite bolas!”

Juanjo

“uy dios…bueno”

Con toda la onda del mundo, me dispuse a ir a lo de mi madre. Que estaba recién llegadita de Gesell…y recién peleada con Ricardo por su aventura con mi padre. O sea que en una habitación estaban mi madre y Ricardo discutiendo. En otra habitación estaban NP y mi (ahora) ex empaquetando sus últimos bártulos. En otra mi hermano Tomás tomando campari con naranja con mi padre, muy chochos. Y en otra estaba yo encerrado con mi hermana Martina intentando encontrar los supuestos regalos que habían traído mis padres (si, tenemos esas actitudes infantiles a veces).

Como por arte de magia, todos nos fuimos congregando en el living… unos porque se iban, otros porque se quedaban sin alcohol, otros porque iban haciendo las pases. Hasta que sonó el timbre. Y juro que todos se quedaron perplejos. Apuesto a que cada uno de los presentes tenía alguien a quien temer que apareciera.

Zafamos todos menos mi padre, mi madre y Ricardo. Era Estela la Zorra, que venía a traerle calzoncillos a NP, porque se los había olvidado.

Madre

“AHHHH NO TENES CAAARA!”

Estela la zorra

“F****** te dejo esto… no pienso participar de un escan… Qué hacés acá?!”

Padre

“eemh… de… visita con los chicos… eeh..”

Estela la zorra

“Dijiste que estabas de campaña hasta la semana que viene. Vos no te habrás ido…”

Madre

“Sí, se fue conmigo. ¿Cuál es el problema?”

Estela la zorra

“aaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhh!!!!!”

Juanjo

“Me fui!”

Padre

“Chicas no es necesario…”

Estela la zorra

“Increíble… increíble Torlo… sos…sos…”

Niño Pez

“Un pelotudo. ¿Alguien nos da bola que nos vamos?”

Tomás

“Jejeje… esto es terrible. Lo voy a llamar a Nacho”

Madre

“Mirá Estelita, acá las cosas estaban un poco frágiles con Ricardo, así que no se si es momento…”

Ricardo

“Liliana yo estoy con Estela… se comportaron como chicos”

Padre

“Hemos hecho poco uso de la conciencia, eso es una gran verdad”

Estela la zorra

“TE VOY A MATAR PELOTUDO!!!”

Martina

“F******* llevatela, por favor…”

Niño Pez

“Yo me voy a Ezeiza… que se maten”

Martina

“Pero no acá!… voy a llorar”

Juanjo

“Chicos, buen viaje, pasenla bomba, si hay alguna posibilidad de instalarse allá, se instalan tranquilos. Por esto no se preocupen… Mariano, cuidalo”

Niño Pez

“Es al revés…”

Juanjo

“Cierto! Cuidá al retardado…”

Salí corriendo cuando Estela se abalanzaba sobre mi madre. No pensé que llegarían tan lejos. Y en ese momento pensé en mi ironía con respecto a mi (ahora) ex. Y pensé no quería que nuestro futuro fuera así. Que termináramos en algún escándalo de a cuatro. Mintiéndonos, actuando como niños. No se si debo darle la mano a mi (ahora ex) y decirle que ya está, que el enojo se me pasó. O contarle que me hizo perder las esperanzas de llegar a ser feliz y detestarlo más. Lo pensé todo el camino de vuelta a casa. Pensé en que debía dejar de lado todo aquello que me afecta directamente, seguir esquivando situaciones o gente que me aleja del estado cuasi feliz en el cual me gustaría vivir.

Hasta que llegué al edificio dónde vivo. Sorpresita en la puerta.

Santino

“¿Vos creés que podes desaparecer como se te canta?

La familia de mi novio

El reencuentro con mi padre fue, como siempre, incómodo y acartonado. Él con su relajo usual, sus formas tranquilas, pacifistas, rosando lo hippie. Su armonía con el mundo, salvo con su mujer y el vicedecano de la facultad donde da clases (hace meses que tiene una guerra encarnizada cuando uno le robó la mujer al otro) (sí, la actual mujer de mi padre era la mujer del vicedecano) no coincide para nada con mi manera pesimista de ver el mundo. Mas allá de eso, verle siempre es grato. Como bien nos imaginamos, la cena con las chotas del colegio quedó en una llamada telefónica (“perdón Mirta, pero estoy con una descompostura terrible, viste cuando vomitás sin par… tu tu tuuuuuuu”). Llegamos impuntuales, cosa que a mi padre le molesta en sobremanera pero no lo dice para ser coherente con su manera de ver la vida, con el Niño Pez. La cara de mi viejo fue de sorpresa, pues en su desfazaje temporal se suponía que yo iba a aparecer con mi (ahora) ex.

Padre

“¿Y Mariano?”

Juanjo

“Hola-cómo-estás-yo-bien?”

Niño Pez

“En realidad soy Mariano, después de la reconstructiva”

Padre

“emhh… sos alumno de Juan?”

Juanjo

“Papáaa! Es un amigo”

Padre

“aaaaaahhhhh… pasen pasen”

Niño Pez

(susurra al oido) “¿si no le aclarabas eso nos quedábamos en la vereda?”

Juanjo

“por lo visto… muero por conocer a su mujer nueva, parece que se la hurtó al vicedecano de la facultad”

Niño Pez

“opa.. seré curioso… de qué facultad?”

En el exacto momento en el cual se iba a despertar una comedia de enredos, en la cual yo venía a ser el hiperquínetico Ben Stiller tratando de zafar y conciliar algo inconciliable, cuando estaba a punto de dar el dato para que el pobre Niño Pez escapara a tiempo, apareció la novia de mi padre.

Niño Pez

“MAMA?!”

Juanjo

“No me jodas…”

Estela la Zorra

“F*******!! ¿Qué hacés… quién… cómo?”

Niño Pez

“Te falto cuándo y dónde mami, Torlo, te felicito, me estás dando las situaciones más bizarras de mi vida”

Juanjo

“¿Gracias?”

Padre

“Abramos un vino, relajemosnos”

Estela la Zorra

“De dónde se conocen ustedes dos? Son amigos? Juanjo vos no habrás…?”

Juanjo

“A mí no me veas, Papa quiero vino, esto es… buenísimo”

Estela la Zorra

“YO NO SE QUE TE CAUSA JUAN JOSE! ES UN NENE!!”

Padre

“Sí che… es chiquito Juan… dejate de joder. Tengo un blend norteño buenísimo hijo, abro?”

Estela la Zorra

“F*******… hijo… ¿me explicás?”

Niño Pez

“Tenés un master en boluda má, ¿qué querés que te explique? Juan y yo somos amigos, nos conocimos a través de Ine… ¿algo más?”

Padre

“O sea que todavía no te lo….?”

Estela la Zorra

“Ahh… shh shhhh…. SSSHHUUSSS MIRÁ!”

Juanjo

“¿?”

Niño Pez

“Bueno che, un gusto saber por fin quién es el misterioso roba mujeres, ahora me le río a papá con conocimiento de causa…. A propósito… ¿El sabe que ustedes dos…?”

Padre, Estela la Zorra, Juanjo

“OBVIO!”

Niño Pez

“Ahora entiendo muchas cosas… ¿Comemos?”

Padre

“Excelente idea pibe… Juanito no sabés las fotos que hice en Venzuela”

Juanjo

“Uufff… ahí vamos…”

Estela la Zorra

“No salgo de mi asombro”

Niño Pez

“Cortala… después hablamos… comamos en paz”

Y de repente todos cenamos pacíficamente. El vino nos empezó a pegar a todos. Nosotros con NP terminamos haciendo preguntas escabrosas que nunca debimos hacer (mi padre ama dar detalles de sus relaciones) y por supuesto que nuestra aparición fue más fuerte que la pelea con lo cual se reconciliaron sin darse cuenta. Todo marchaba divinamente hasta que llegó un mensaje de texto a mi celular. A saberse:

(ahora ex)

Hola **** (mote patético que utilizaba cuando… antes)

Estamos organizando con tu vieja para el 24, contamos

(CONTAMOS) (MOS) (MOOOS) con tu presencia, eh?

 

El Puto Monoexpresivo

Como sigo de mini vacaciones y la guerra con mi Vecino Gay me está consumiendo demasiadas energías, decidí retomar el trabajo de campo (adelanto esto nomás: ya le hizo escándalo al portero) (jejeje). Desde que arrancó la investigación me han llegado comentarios de lo más variados. Desde mensajes de buenos augurios, gente que siente intriga por mi persona, sospechas de autoría (lo más ridículo que me han dicho es que soy un famoso periodista que trabajo en la tele), puteadas, burlas y otras. Pero lo que cae cada tanto (habrán visto en el resumen de correos) son las propuestas de cita. Y claro, no todas provienen de especimenes que pretenden tríos y hablan en lenguaje casi cavernícola ni de señores que a decir verdad mucho no entran dentro de mis gustos. A veces escriben personas que parecen interesantes. Y la particularidad del correo por feisbuc es que uno puede, al menos, ver la cara del nuevo objeto de estudio.
La semana pasada recibí una invitación de un tal Sebastián. Las fotos dejaban ver a un muchacho grandote, muy bonito de cara, timidamente divertido (¿viste que hay fotos en las cuales podés inventar que están pensando los fotografiados?) (bueno, las fotos de este pibe indicaban “saquenme de acá”) morocho, de 26 años. Demasiado no podía prejuzgar, así que ante su mensaje de “me encanta como escribís, me gustaría conocerte” yo respondí de manera muy sutil: “CUANDO QUIERAS!”.
Y así me estaba encaminando a otra nueva cita con un desconocido. Mensajes mediantes, terminé accediendo a ir a su casa (que no queda muy lejos de la mía). Cuando llegué le agradecí a mi monitor por haberse acercado tanto a la realidad, el desconocido Sebastián era tan bello como en pantalla. Hacía una expresión con la cara que entre que me causa ternura y me dan ganas de partirle la cara con un  bate de baseball. O sea, entro a su departamento (bonito como él) y cuando le hago el comentario acerca de lo bella que es su casa, hace ese gesto. “Ah, qué tierno” pensé. Luego, cuando abre una cerveza (justo la marca verde que le gusta a Juan José) le comento la casualidad de gustos y hace la carita de nuevo. Me muestra su biblioteca (mucho Cohelo, lo cual le bajó unos 2,50 puntos de entrada) le hago el comentario pertinente “NO TE PARECE UN LADRON COHELO?!” y en lugar de rebatir, de pelearme (con los que leen a Cohelo siempre peleo, es más, el comentario siempre lo hago solo para pelear), de decirme porqué “El Alquimista” es el libro que seguramente “le voló la cabeza”… HACE EL PUTO GESTO! Con lo cual la velada se redujo a un monólogo mío acerca del por qué de la investigación, mis alumnos del secundario, mi trabajo y mis compañeros detestables. Su aporte fue: decir su nombre completo (aplauso para Sebastián: LO SABIA COMPLETO) CARITA, cómo había logrado comprar ese bello departamento (“es mío, bah, la plata me la dio mi viejo antes de morirse”) (sic) CARITA, que “no me cabe el ambiente porque está lleno de travestis en tetas y no me interesa andar mostrándome imaginate si me ve alguien del laburo” CARITA y que trabaja para una multinacional que hace hamburguesas “pero yo estoy en la parte administrativa, imaginate de cajero, no dá” CARITA.
A decir verdad, mi parte más machista, retrógrada, animal, lo hubiese tirado sobre el sillón y le hubiese hecho cualquier cosa (dos opciones: asesinarlo o tener sexo). Pero mi parte pseudo seria, ubicada, conciente y sobre todo mi parte realista, comprendió que no tenía más nada que hacer ahí. Que estaba frente a una nueva tipificación y no tenía necesidad de tocarle un pelo. Después de 20 minutos de silencio, solté la cruel verdad:

Juanjo
“Sebas, todo bien, sos un copado, pero paradójicamente me estoy aburriendo como una ostra. Y antes que hagamos algo de lo cual me arrepienta toda la semana, me voy a ir a casa”
Sebastián
“…”
CARITA!!!
Juanjo
“¿Bajás a abrirme?”

Me sorprendí de haber sido absolutamente honesto, no forzar nada y salir con 10 kilos menos de ese lugar. Era monoexpresivo. El puto monoexpresivo es, de tan simple y aburrido, un ser complejo. Pues te hace laburar el doble. Tenés que movilizarte hasta dónde está, tenés que sacarle conversación, tenés que sostener la conversación, tenés que decidir qué tomar, qué comer. El puto monoexpresivo es un ser abominable. Un estúpido. Cosa que un perfil en un sitio web no permite percibir. El puto monoexpresivo me enoja. Sí, así volví a casa ENOJADO. Es de esas personas que me provocan ira por ser tan pelotudas. Podés ser tímido, calladito, modosito. Lo que se te ocurra. Pero este pibe te saca de quicio. Y lo peor es que ni siquiera me va a putear por mail cuando lea esto. Lo sé.
Promesa del día: no volver a salir con alguien que lee el blog. O al menos intentar charla telefónica previa. Archívese. Olvídese. CARITA!

La traición

Esto acaba de ocurrir, con lo cual la tipificación del freaky del subte (con el cual siguió la historia) quedará para el día de mañana. Y no salgo de mi asombro.

Dado que el último encuentro con mi madre fue algo estruendoso y poco íntimo, decidimos intentar vernos de manera tradicional: yendo a comer a su casa como antes (todos los malditos lunes). Estas oportunidades servían para que Liliana constatara que la cocina no es su fuerte y que lo fuerte era mi estómago (y el del retso de los comensales). Nos ha deleitado con todos los libros de Choly, Chichita, el chino del gourmet, Narda, Dolly, Francis, hasta las sencillísimas gorditas simpáticas que salían por cable. Insistió hasta descubrir que lo más sano que podía hacer por nosotros era tener un ejército de imanes en la heladera con ricas empanadas, grasosas pizzas y maravillosos menús chinos. Descubrió que la felicidad del 50% de lo que le quedaba de familia dependía de si dejaba de jugar a ser Doña Petrona o no.

Al grano: mi madre organizó una cena en su casa hoy para poder verme y de paso congregarme con mis hermanos y su marido (y siempre de casualidad, la hija menor de su marido a la cual nunca toleramos).

Cuando arribé a casa ya estaban todos. Mi hermano Tomás ya estaba tomando un vino con su amigo Nacho (creo que el 60% de los rugbiers son Nachos) quien siempre se inserta en las reuniones familiares con una naturalidad asombrosa; mi hermana Martina, que es víctima de algún último vestigio culinario de mi madre (termina dándole “una manito” con el postre o alguna “entradita”) y el hiperquinético Ricardo, el marido de mi madre. Ah… y la hija. Que la llamaremos… son adjetivos peyorativos. No la nombraremos y punto.

El delivery de esta semana se trataba de una pizzería super top que tiene grandes rarezas sobre un cacho de masa. Innovan por armar una montaña de ingredientes sobre la pobre masa, los cuales llegan a destino hechos una bola multicolor. Así que ahí estábamos, todos contentos con el nuevo delivery que Liliana ha encontrado (hay que festejarle igual o más que cuando cocinaba sus porquerías gourmet), mientras padecíamos unos tomates rellenos que había hecho “con mucho amor” con Marti.

Martina

“Juan cambiá la cara, hace semanas que no te vemos”

Juanjo

“Estoy con la cabeza en mil cosas (¿?)”

Tomás

“¿Qué hace el puto de su vida? ¿Así que tenés una aren ahora?”

Juanjo

“…”

Martina

“No lo jodás Tomás…”

Juanjo

“La culpa no es del chancho… ¿Madreeee? ¿Vos le contaste al Contempomi deforme nuestra merienda popular?”

Madre

“es que son divinos Juani! De hecho volvimos caminando con Marianito”

Juanjo

“…”

Ricardo

“yo no entiendo como pueden hacer para salir de a tantos! Yo no doy abasto con tu madre!”

Juanjo

“no lo dudo”

Madre

“¿qué querés decir?”

Martina

“¿Todavía no sabe?”

Juanjo

“¿Qué debería saber?”

Tomás

“Tu ex está viviendo acá”

De repente sentí venir la tormenta. Mi madre, MI madre, así de loca, obsesiva, pesada, melosa, asfixiante, sobreprotectora, sobremadre me estaba engañando. Peor aún: me estaba TRAICIONANDO. Será lo que sea, pero es mi madre. Y me estaba jugando por atrás. El boludo de mi ex está (en este momento, y todos los de la semana pasada) viviendo a sus anchas en mi casa (ex, perdón) y nadie me dijo nada.

Martina

“te quise decir pero mamá pensó…”

Juanjo

“mamá no piensa, por lo visto”

Madre

“ay Juan, no seas insensible, no tiene casa”

Juanjo

“Muy rico todo, yo me voy”

Madre

“pero si no comiste nada! Quedate que en un ratito llega de trabajar Marianito y pueden charlar”

Martina

“ay mamaa!”

La idiota de la hija de Ricardo

“le dicen que el novio nuevo es re lindo y los mata jajaja”

Me fui. Sencillamente, por segunda vez en el mes abandonaba a mi madre. Con justa razón. La traición era general, todos estaban al tanto, pues todos conviven con ese monstruo acogedor de pobres y ausentes, menos yo. Salí pegando portazo novelesco y me llamé a trabajar en pos de mi proyecto. En realidad llamé a la madame del grupo:

Juanjo

“hola Ine… armá algo ya con el pibe del sábado”

Inés

“¿Seguro? mirá que otra vez no va a…”

Juanjo

“Necesito sacarme el cerebro, arreglame cita”

Delivery

Al parecer mi actuación alcohólica y mi revoleo de rolls de salmón y palta ha sido efectiva y ahuyentadora. Día dos sin respuesta alguna. Y mi estado sigue intacto: domingo y sigo yendo de la cama al sillón, y del sillón a la cocina por insumos, y de vuelta al sillón. Hubo interludio de sábado a la noche. Sorpresiva y bastante incómoda: mi ex re apareció luego de 3 semanas (casi 4). Dado que seguía lloviendo torrencialmente decidí cómodamente ni pensar en bañarme, ni pensar en llamar a nadie para averiguar planes, ni mover un pie fuera de la puerta ni siquiera para alquilar una película (táctica vieja para sentir que un sábado a la noche “hice algo”). La nada misma que, de tanto en tanto (muuuchos tantos) me hace feliz. Llamé a mi mejor amigo “el Chino” para que me cociné lo de siempre y me lo envíe prometiendo buena propina para el pobre pibe que se empapara en bicicleta (lo de la propina siempre calma mi culpa y comodidad burguesas). Todo normal y pachorro hasta que sonó el portero. Pensé que el delivery se había olvidado de darme unos arrolladitos vegetarianos de premio por ser fiel cliente).

Juanjo

“Seeeeh?”

(ahora ex)

“Juan, soy yo”

Juanjo

“Si contamos cuanta gente se reconoce como sujeto independiente y puede saberse como un yo, estamos perdidos, no sabremos quién es usted”

(ahora ex)

“Dale tonto… me mojo”

Juanjo

“Dame una buena razón para que te abra”

(ahora ex)

“Tengo tres milkas aereados y una bolsa grande de rocklets”

Portero

“Ttttttttttrrrrrrrrrrrrrrrrrr”

Y el muy puto entró. El muy puto apareció como si nada. El muy puto se mandó a la cocina con la seguridad de los impunes. El muy puto me manipuló con un punto débil. El muy puto agarró su plato y se acomodó al lado mío, cambiando de canal la tele, eructando caseramente, puteando contra el canal de las pelis que pasaban doblada la peli de Bruce Willis que a él le gusta. El muy puto hizo como si nada hubiese ocurrido, como si estás casi cuatro semanas hubiesen sido un día, un par de horas. Y el muy boludo de Juanjo se quedó atónito mirándolo.

Composición: Tema: 100 putos

¿Qué es lo que sigue cuando el amor de tu vida no es más el amor de tu vida? Dado mi humor de estos últimos días, creo yo que es tiempo de mandar al carajo todas las cursilerías que nos enseñaron los yanquis en el cine y decir “está bien, soy un pelotudo, me pusieron los cuernos… ¿ahora qué sigue?” Como bien me enseñaron en la Universidad, a veces, cuando uno se embarca en la aventura de la investigación, debe aplicar un recorte temporo-espacial. Además de visualizar el objeto de estudio y definirlo. Pues bien. Este es mi proyecto entonces. Y lo hago (pseudo) público (y digo pseudo porque supongo que esto no lo va a leer mucha gente) porque la red de redes puede facilitarme el trabajo, creo yo. Mi nombre es Juan José Torlo (Juanjo, en general), tengo 26 años, soy Licenciado en Sociología (pero me da de comer la administración en una multinacional que apoya el boludeo en internet) y mi (ahora ex) novio me metió los cuernos hace más o menos tres semanas. Dado este panorama emprenderé la difícil tarea de conocer una buena cantidad de hombres (gays, claro) para llegar a la respuesta que, puede o no, dejar sin efecto mi hipótesis: “El amor de tu vida no existe”. Presentado mi humillante proyecto ante el público (¿?) pasaré a delimitar. No queremos que esto sea eterno. Yo creo que en la vida todo tiene solución. Más o menos convenientes para uno, siempre hay alguna salida (o entrada) si uno se empeña en que la cosa se solucione. Con lo cual el número de muchachos (dios quiera que sean todos bellos, perfumados… Beckhams y Pitts porteños en versión homosexual!!!) será limitado. Redondeo. Ni pocos ni demasiados. Si Paul Russell en su libro reunió en una lista a los 100 homosexuales más influyentes de la historia, yo entonces tendré mi propia lista que me permita tipificar con qué animales se encuentra uno en esta jungla (y cuál será EL influyente en mi historia). Serán 100 los putos entre los cuales intente rectificar o (en el peor de los casos) ratificar mi hipótesis. La búsqueda será al azar. Más bien no será búsqueda. Que Buenos Aires con sus casualidades y causalidades nos provea de insumos. Y cuando escaseen los recursos, iremos contra los tiempos y espacios y blah blah blah (vivo hablando de investigaciones, está será personal y frívola como la misma causa) y saldremos en busca de el objeto de estudio. Y la suerte dirá si entre esos 100 exista el que llene el renglón vacío. Si se queda. Si logra hacerse del nuevo sillón. A partir de este momento, del día de hoy comienza el estudio. Sugerencias, recomendaciones y etcéteras, bienvenidas serán. Qué ardua tarea me espera…