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El Jinete Sin Cabeza

Esto está muy mal. Pero muy mal. Maaaaaaaaaaaaaaal. Son las 10 am, acabo de llegar al trabajo todo despeinado, con olor a cigarrillo, desaliñado (bah), con un dolor de cabeza garrafal y una nariz de payaso en el bolsillo (?).

Me reporto a la noche. Me he portado mal mal mal. (¿Cuántas veces puse mal?). Pero, dado este espacio, puedo decir que he hecho mucho trabajo de campo. Avanza la… (iba a poner ciencia, madre de dios!!).. la cosa esta.

(…y no le puedo echar la culpa a Arjona) (fuck).

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Se define por penales

Como en un partido de fútbol, el sábado sentí que, finalizando la noche, estaba empatando. De un lado de la cancha estaba yo, embarrado,  con actitud de perdedor (como siempre). Del otro lado estaba ella, radiante, rubia, ganadora, segura. Y… bah… con el lugar asegurado, no?.

El sábado volvimos a cruzarnos Leandro Yogui y yo por la noche porteña. De manera más que casual, claro. Como siempre termino haciendo exactamente lo contrario a lo que los planes dictan, de castigo, terminé en un bar amigo tomando buenos tragos, pero encontrándome a gente que, en el estado etílico en el que estaba, no debía encontrarme.

Si algo malo tienen aquellas personas que se declaran “bisexuales” es la impunidad de ir y venir sin dar demasiada seguridad. Pues, claro, como están en esa eterna etapa de transcisión uno tiene que perdonarles cualquier desliz, cualquier episodio dubitativo. Creen que tienen derecho en ir y venir como se les canta, pues su elección “”””momentánea”””” se los permite y justifica.

Yo soy de los que creen que la bisexualidad en la mayoría de los casos es un momento de duda, que uno termina definiendo siempre para algún lado. No es que peque de obtuso, pero la empiria me ha demostrado que algo (aaaalgo) de razón tengo. O al menos me he cruzado a bastantes infradotados que no saben pa que lado arrancar. Felicitaciones a aquellos que conviven en esa dicotomía de por vida.

Cuestión que el nuevo drama de nuestro guía espiritual el fin de semana residía en “¿CON QUIEN ME QUIERO IR A REVOLCAR?”. En algún punto mi presencia en el bar le resonaba, pues yo creo que si estoy bien con mi novia y la super amo (como dijo la semana pasada en una charla cualquiera) lo primero que pienso es en irme a casa con ella. Pero no, el pibe tenía ganas de que yo amaneciera en su casa. Y yo, claro, le encontré el lado divertido a la situación y saqué a reludir toda la histeria que nunca había utilizado en mi vida. TODA. Nunca me sentí (y perdón a quien ofenda) tan puto en los últimos años. No pude parar en toda la noche. Desde el momento que me lo crucé por primera vez y vi que estaba con ella, me aproveché de la situación (casi) mafiosamente. Una especie de extorsión contenida. La pelota en el medio del campo, esperando ver a dónde es pateada.

Y una vez pateada yendo y vieniendo en la pista, y con cada trago veía como mi defensa se debilitaba ante los fuertes mediocampistas y delanteros rubios que creaban estrategias maravillosas (abrazos, agarradita de la mano y esas cosas estúpidas que hacen las novias inseguras). Mi arquero salió  a la defensa como (casi) último recurso (borracho) encerrándolo en el baño y (cosa que nunca había hecho con él) agarrándolo del mentón, y besándolo tan violentamente que no quedó más opción que abrir la charla:

Leandro Yogui

“¿Qué te pasa? Estás… borracho evidentemente. Pero no entiendo esta especie de violación express…”

Juanjo

“Me dteneés pelotudsdo con tusdd duddassd de mierwda”

Lenadro Yogui

“Sabés que pongo lo mejor de mí para definir esto, pero por ahora elijo todo, elijo el todo. El universo me provee de varias cosas y yo elijo… esto. Más no te puedo dar. Y hoy puedo elegirte a vos. Tengo ganas de coger con vos”

Juanjo

“…..”

Lenadro Yogui

“La ubico (UBICO) a Mariela con sus amigas y vamos”

El resto usen a imaginación. Fue maravillosamente cruel. Me victimizo. Y lo confieso: ME ENCANTA. Soy un masoquista exquisito. Una piltrafa utilizable. Lavable. De envase retornable. Puedo ser más. Pero el partido está por terminar y, en las circunstancias que me encontraba el domingo a la mañana, necesité patear el primer penal yo.