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Café

Es cierto, en general el lugar común es decir “tenemos que hablar”. Es una frase trillada pero efectiva. Y solidaria, sobre todo, pues predispone al otro a algo que se supone le va a sorprender. En los casos que el otro ya se la ve venir, no le modifica la vida en absoluto. Sabe que tienen que hablar, porque hay algo que yace en la esfera de lo silencioso y pugna por salir. En los casos en que el otro no se la ve venir, pues la frase le da una primera pauta: algo se está yendo a la mierda y se lo están por sacudir en la cara. Entonces hay quien se encierra en la negación (un bello mecanismo de defensa que utilizo muy a menudo) y hay quien se prepara para el velatorio, porque una vez terminado el “hablar” sabe que se viene entierro/funeral. Y que el muerto, muerto está.
Yo en eso soy un poquito más decoroso. En lugar de caer en una frase hecha, te tiro otra más porteñamente amable:

Juanjo
“Holaaaaaestebann?”

Esteban
“Juanchopanza! Te estaba por llamar, tenía ganas de ir mañana al Konex a…”

Juanjo
“¿No tenés ganas de tomar un cafecito por ahí?”

Esteban
“¿Ahora?”

Juanjo
“Ahoraa…ahora ahora, bueno… quizá más tarde. Tengo que ir a un colegio palermitano a charlar por una suplencia corta”

Esteban
“¿Porota eso de las seis?”

Juanjo
“Hecho”

Bueno, se supone que una vez congregados en el bonito (y favorito) lugar tendríamos una charla adulta, sincera. Yo expondría mis razones por las cuales creo que el vínculo no va a prosperar, por las cuales elijo querer estar solo de nuevo. Pero claro, Esteban no sabe de todo esto. Y tampoco queremos que lo sepa, pues en la mayoría de los casos que esto ocurrió yo termino quedando como un enfermo mental exhibicionista. De ninguna manera Esteban debería saber que es parte del blog.

Esteban
“¿No querés de mi muffin?”

Juanjo
“No, ese de chocolate mucho no me enloquece… el de banana sigue siendo mi favo… ay… emmh…”

Esteban
“¿Te pasa algo?”

Juanjo
“¿A mí?”

Esteban
“No… a la taza que estás volcando… ¿estás temblando?”

Juanjo
“Ay, qué pavada!… no!”

Esteban
“¿Y ahora qué pasó? ¿Tu ex de nuevo?”

Juanjo
“¿Eh? Nooo! No no… no pasa nada”

Esteban
“¿Seguro?”

Juanjo
“Seguro. Bueno… a seguro…”

Esteban
“Se lo llevaron preso. Qué pelotudo que estás. Estás raro”

Juanjo
“No se de qué hablás…”

Y no le pude decir nada. Hoy no nos vimos. Mañana tenemos una cena con sus ex compañeros del colegio secundario (cosa que me parece de mal gusto y nunca voy a entender… ¿a quién se le ocurre juntarse a comparar cuan miserable está uno al lado de otro?). Me parece que ningún momento es el indicado. Mierda!

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El Puto Cool

Días maravillosos inundan mi vida. Oh sí hermanos. Mi nuevo compañero de trabajo es lo que siempre quise: inteligente, ácido, malvado, gracioso, criticón, alto, morocho, pelo corto, ojos oscuros, nariz importante, se viste bien, sonríe cuando es necesario (o cuando está pensando una maldad, se le nota: sonríe un rato en silencio y luego larga el chorro de veneno). Tiene el pequeño defecto de ser heterosexual. Pero ya ni me molesta.

El Nuevo acapara toda mi atención. De hecho me olvidé completamente de la Investigación. No hay objetos nuevos, pues tampoco los he buscado. La última cita fracaso me desanimó un poco. Un poco bastante. Así y todo, anoche hablaba con un ex (no ese… otro) y me contaba acerca de su nueva vida. Parece que se recibió de licenciado en marketing, dejó de vivir en Monserrat y se mudó a “Palermo Algo”, trabaja “con amigos” en una agencia de publicidad llena de círculos y cuadrados de colores (vi fotos del lugar, es así como lo describo), ahora solo se viste con marcas de moda y que sus “showrooms” (locales, bah) solo se encuentren en su nuevo barrio (antes arrasábamos las ferias americanas). En algún momento de nuestras vidas, con ese chico, presidimos el centro de estudiantes de nuestro colegio juntos, fumé marihuana mirando “Los Simpsons” toda una tarde y discutí noches larguísimas el futuro del mundo. Esa misma persona hoy me decía que no está conociendo gente “porque a los putos les pinta el matrimonio y no da”. No da, de nuevo. Tuve una leve sospecha: mi ex se había unido a un nuevo grupo y estaba acatándose a sus reglas. Se supone que todos mutamos (algunos más, otros menos) con el tiempo, pero este fashionista era muy diferente al tipo con el que yo salí. Ahí comprendí que mi ex era, justamente, un ex. Ex en todo. Era el fiel reflejo del pasado. Algo que era y no lo es más. Porque debe ser así o porque él lo forzó. Pero me estaba mostrando, de alguna manera, que no todo siempre debe ser tan épico, tan de novela rosa, tan de final feliz. ¿Y si me estoy equivocando con todo esto? ¿Y si en verdad no existen esos amores que nunca terminan?

Mi ex ahora es un PC (Puto Cool) y yo estoy en el mismo lugar de siempre. Creyendo en cuentos de hadas y haciendo (casi) las mismas cosas (bueno, pasaron casi 10 años, es obvio que no soy el mismo, pero en general, me siguen gustando las mismas cosas). Él no, se embarcó en un cambio radical. Y mis conclusiones fueron las siguientes:

  • El PC vende su alma al diablo en algún momento de su vida. Lo hace a través de la primera camisa que paga a $299,90 arriesgando que le corten el teléfono, pero estando trendy.
  • Utiliza términos como trendy (para definición dirigirse al libro de Valeria Mazza “¿Qué me pongo?” dónde hay un glosario que explica el término), smoothie, café latte (en exceso), shirt… en fin. Un spanglish desagradable y sobre pronunciado, tan afectadamente que empezás a perder el hilo de la conversación por mirarle la lengua y los labios. Hacele decir a un PC “machiatto” cuando tiene que pedir en starbucks y vas a ver.
  • Recorta todo pasado, amplia presente y exagera futuro. El PC no lugar de origen (salvo que sea hiper top), no se sabe de su familia demasiado. El presente es maravilloso, como él. El futuro es híper prometedor. Aunque sepa que mañana no sabrá si tendrá trabajo. Aunque no lo tenga en este momento.
  • El PC puede ser absolutamente camaleónico, tanto en gustos como en afinidades. Basta ver para dónde va la manada, que él se dirige como mosca al dulce.
  • El PC tiene un problema: quiere ser algo que no es. Y es extraño, porque en general uno diría que esa gente está cómoda siendo “eso”. Pero no. Hay cierta actitud gataflorista en ellos. Tienen la delgada línea de la normalidad presente todo el tiempo. Caminan sobre ella como se camina sobre una cuerda en el circo. Tomaré esta cita de Carolina Aguirre, que analizando (destruyendo) el barrio/habitad natural de esta clase de puto, me solucionó la conclusión odiosa para esta tipificación:

“Hace unas dos semanas, conocí a un muchacho palermitano cuyo mail era algo así como marianogomezescritor@gmail.com y me hizo acordar a los gansos que caminan por Palermo con su pantalón cuadrillé, su bolsito de director de cine y el pelo sucio. Un pelo ensuciado prolijamente, meticulosamente, milimétricamente para completar el outfit de nenito conflictuado comprado en una liquidación de Bensimon.  En Palermo, todos los raros son como una Fendi falsa. Son raros de imitación, de cabotaje, de mentirita. Los raros de verdad están encerrados en una casa en el arroyo Barquita en la tercera sección del delta de Campana o tienen una comunidad auto sustentable en Carlos Keen.  Tienen el pelo parado porque no se miran al espejo desde 1987, no porque el estilista de Cool Cuts les hizo un look mezcla de Johnny Rotten y Sylvia Fine.  Su ropa es vieja porque gastan hasta el último peso en óleos y en fílmico para su primer largometraje, no porque ahora está in comprar ropa vintage en Nueva York.  Como el caso de Mariano Gómez, que avisa en su email que él es escritor. ¡Por amor de dios, muchacho, si fueras escritor no necesitarías ponerlo en tu casilla!”

Archívese. Vístase. Despéinese. Lookéese. Péguese. Ahórquese. Suicídese. Cómprese una personalidad. Váyase al carajo (y lo digo por mí).

*la genial nota acerca de este barrio (y muchas otras tantas) pueden encontrarla presionando aquí.

Dandy

Dios mio! hay gente que sigue creyendo que las fiestas temáticas referidas a alguna estética elitista son cools, selectas y que dan qué hablar…
Yo creo que no. Que son una ridiculez. Black & White me suena a alfajor, no a ropa. Y si sigo la lista me auto arruino el día del enojo.
Todo este preludio estéril nos dice que el abajo firmante hoy tiene una fiesta temática: “DANDY”. Sí. Eso. Me da vergüenza ajena. Juan José, por supuesto, irá bien vestido, pero como cualquier mortal. O sea que voy a pelear desde el vamos.
Estoy atando los cabos correspondientes y me da la sensación que me voy a encontrar muuuucha gente conocida.
Qué miedo…

Chance

Después de semejante día, el encuentro con Santino no fue de lo más agradable que digamos. Lo último que necesitaba era, en principio, esa frase violenta en la puerta de mi casa, como si me fueran a secuestrar por haberme desaparecido. Tenía la cara desfigurada. Se notaba que quería verme. El problema es que no quería verlo a él.

Así y todo lo invité a pasar (se había invitado solo, de todas maneras) y ni bien entró empezó con su discurso new age de recuperación express. Yo estaba atónito, no creía que me estuviera diciendo eso. Que me incluyera en su supuesto cambio tan necesariamente.

No pude darle una respuesta a lo que estaba hablando. Me pedía mi opinión. Me pedía que diga sí. No sé qué me pedía. O no entendía bien. Evadí el tema unos minutos ofreciendo un refrigerio que me diera un mínimo tiempo para pensar. Se suponía que, después de la fiesta en la que conocí a Bruno, las cosas me habían quedado en claro. Pero verlo otra vez me confundió.

Santino

“¿No vas a decir nada?”

Juanjo

“Me siento la enfermera que sacó a Maradona de la cancha en el ’94”

Santino

“Jajaja… algo así, no?”

Juanjo

“Por primera vez voy a decir esto”

Santino

“Ay…”

Juanjo

“Me gustas. Me gustas mucho. Creo que lo sabés. Pero no se cuánto derecho tenés a pedirme que sea tu enfermera anti dopping”

Santino

“¡No te estoy pidiendo eso!”

Juanjo

“Sí, lo estás haciendo. No tenés nadie coherente al lado tuyo que te ponga media pila para cambiar. Yo no estoy muy cuerdo que digamos tampoco… pero el tema es cuánto me corresponde estar al lado tuyo… o cuánto me bancaría en tu supuesto camino a la purificación de tu alma y blah blah blah”

Santino

“Te quiero”

Juanjo

(en su cabeza) “LA GRAN PUTA!!! YO TAMBIEN!!! SOS HERMOSAMENTE SEDUCTOR Y ME CAGO EN MI…”

(en voz alta) “Querete a vos… que se yo… vos crees que comiendo distinto vas a dejar todo lo que te estás metiendo?”

Santino

“Intentémoslo, porfa… Tenés derecho a cagarme a trompadas si no ves cambios”

Juanjo

“Te vas a enterar si no veo cambios. Estoy confiando en vos. Sabelo”

No me pregunten por qué… pero sentí que esta era una buena oportunidad para demostrarme cuán pelotudo puedo llegar a ser. Necesitaba saber cuán de cierto había en ese “te quiero”. ¿Se puede querer a alguien en tan poco tiempo? ¿Se pueden poner expectativas en esto? Siempre me pregunto lo mismo. Supuse que, si la cosa viene tan mal, no puede ponerse peor.

El sábado fui a una fiesta con amigos. En Palermo. Demasiado top. Llena de famosos de 2da y mucho gay vogue. Decidí reírme de la situación. Decidí divertirme y dejar de pensar en cuántos voy, cuántos me faltan y cuántos necesito para saber si existe o no el príncipe de Disney. Hasta que mi propio experimento me tocó la espalda dos veces:

Reunión en el baño 1: (lavandome las manos) El regreso de los muertos vivos

Ricky Ricón Jr.

“¿Estás sobrio?”

Juanjo

“Sí, estoy con mi grupo de alcohólicos anónimos”

Ricky Ricón Jr.

“No supe más de vos”

Juanjo

“¿Me estás tomando el pelo?”

Ricky Ricón Jr.

“Es que después de vernos, esa noche, salí caminando y me robaron el celu, billetera, todo bah… y no tenía forma de contactarte. No lo iba a llamar a tu hermano, no daba”
Juanjo

“Mirá vos… qué garrón”

Ricky Ricón Jr.

“Pasame tu cel… deberíamos tener una segunda cita, no?”

Juanjo

“¿Podés creer que me robaron anoche a mí? Terrible, andaba en pedo y me afanaron… cuando vuelva a tener celu te llamo, si?”

Ricky Ricón Jr.

“Pero tenés mi num…?”

Reunión en el baño 2: (haciendo pis) Humor poco gourmet

Bruno

“Tenés una cola muy grande”

Juanjo

“Callate pelotudo de mierda! Dejame mear tranquilo!!!”

Bruno

“Juan… que te apures.. se está haciendo cola como la vez pasada jaja”

Juanjo

“Uy Bruno! Puta madre… no te conocí la voz!”

Bruno

“Qué bueno encontrarte aquí… tomamos algo?”

Juanjo

“Ya tomé demasiado… me estoy yendo”

Bruno

“Te acompaño?”

(MOMENTO EN EL CUAL SE SUPONE QUE DEBO HACER LAS COSAS BIEN)

Juanjo

“No Bruno. Gracias. Hoy quiero dormir conmigo”

Bruno

“…”

Me fui a casa solo. Cuando estaba llegando me llamó Santino. Estaba  viniendo. Sobrio, límpido. Fue la mejor noche que pasamos juntos. Quizá sí funcione esto.

Analízate

Estos días han sido fatales. Y saben que no me ando con metáforas (la mayoría de las veces). La semana arrancó movida. Y me dejó ermitaño hasta el día de hoy. El contestador de casa es, nuevamente, un universo paralelo… mensajes que tienen cualquier fecha y hora, menos la que para mí es el presente.
El otro día, arribamos a la casa de té, en dulce montón, Nico, mi (ahora ex), Guille y yo a encontrarnos con mi Madre. Luego de consultarle a mi madre si le incomodaba la presencia de esos dos extraños y el boludo de mi ex y que ella haga una cara de entre sorpresa y “la verdad que no me jode, pues no entiendo”, nos sentamos y todos pedimos algo de tomar y comer.
Yo devoraba muffins de banana y dulce de leche como una fiera hambrienta, canalizando los nervios que me producía la situación, no hay cosa más horrenda que tener en una misma mesa a tu madre con tu supuesta media naranja. Bueno, en este caso los supuestos eran tres. Lo cual me puso el triple de nervioso.
Mi madre, como mala anfitriona que es, quiso romper el hielo:
Madre
“bueno bueno bueno… con quién empezamos? Quién está y quién se fue? AH… Marianito no está más… nos presentamos entonces… bueno, yo soy Liliana, mamá de Juanjo, soy secretaria en un banco y estoy, gracias al cielo, divorciada hace ya…
Juanjo
“tres mamá”
Madre
“tres años… y bueno… ah! Me encantan las…”
Juanjo
“mamá! No es un grupo de ayuda, aunque si cae un psicólogo en este momento…”
(ahora ex)
“Juan, podemos hablar aparte? Necesito ayuda, pedirte un favor”
Juanjo
“¿De qué carajo tenés que hablar aparte? Conmigo… contá para todos, como hacés otras cosas, para  to dos.”
Nico
“¿Te cagó de nuevo?
Juanjo
“callate o te cago yo a vos… a patadas!”
Madre
“Juan José! Dejalo hablar, pobre chico… contanos a todos”
Y de repente cada uno estaba haciendo una puesta en común del problema que le aquejaba. Con mi madre, ridícula, que se puso sus gafas “de ver de cerca” y comenzó a tomar nota en una factura del celular y les daba consejos!!!
Por supuesto, los tres apuntaban de una u otra manera a mi persona. Pero yo intentaba focalizar en el muffin y la manera más productiva de sacarle el pirotín sin perder un gramo de ese manjar.
Madre
“Juan José! Poné atención…”
Juanjo
“ah?… mirá Madre mía, yo se que estás teniendo las mejores intenciones en este momento, pero lo menos que podés hacer es intentar entender a esta gente. Son los tres adorables muchachos pero esto no dá… termino mi merienda y me voy”
(ahora ex)
“Juan, te estoy diciendo que me quedé sin casa… no escuchás? Necesito ayuda”
Juanjo
(suelta el muffin) mierda! No, en casa no
(ahora ex)
Sí, por favor, son unos meses
Nico
“uy chabón, qué malo que sos, pobre pibe”
Juanjo
“haré de cuenta que no escuché lo que escuché”
Nico
“ves Lili? (LILI) es lo que te decía, se enoja y niega. Tu hijo es negador”
Madre
“en eso, chicos, salió un poquito al papá… mi nene es hermoso, pero…”
Guille
“eso es tan cierto Liliana, verás, fue tan fuerte lo que pasamos el sábado y ahora ni siquiera quiere hablar del tema…. Y eso que siempre hubo algo entre nosotros, cuando trabajábamos juntos… hasta le escribí un tema… ¿cantó un pedacito chicos?”
Juanjo
BASTAAAAA! BASTA BASTA! Terminemos con esta pelotudez. Me voy al carajo. Me hincharon las pelotas. ¿Quieren que cierre la terapia, antes que “Lili” les de el alta o se internen con ella? Nicolás: sos un puto más del montón, hacete cargo de eso y dejá de creer que sos diferente al resto del call center, no está ni bien ni mal, pero aceptate.
Guille: sos muy buena persona, demasiado buena, muy sensible, demasiado sensible. Detesto como cantás, de hecho odio que me cantés en la cama, es desagradable. No tenemos nada que ver. Si nos mirábamos en la oficina, era porque definitivamente nunca nos teníamos que tocar.
Mariano: imposible. En casa no. Es incoherente. No podría. Te cago a trompadas todas las mañanas si te tengo indefenso durmiendo en el sillón. Pagate un hostel, no se.
Madre: felicitaciones, tenés tres nuevos amigos. El finde me paso por casa.”

Y me fui caminando tranquilo. No se si nadie más habló o qué, pero no sentí una voz más. Nadie me siguió. Por primera vez en mi vida hablé con sinceridad y me chupó un huevo escuchar una réplica. Me quedé con toda la razón. Y mi verdad.
Y si, en eso salí a papá. Soy bien negador.