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Cómo perder a un hombre en 15 días

Resulta gracioso, pero luego de años de terapia, luego de larguísimas charlas con amigas/os, luego de tantas experiencias en el terreno de la frustración, luego de pasar por todo lo que he pasado en el antes y después del imbécil de mi (ahora) ex no puedo dejar de sorprenderme con algo que me percaté en la noche de ayer. Y de lo que casi soy víctima (y victimario) de nuevo.

Un patrón. Mi propio patrón. Yo creía que me había manejado de manera bien diferente con cada persona con la cual estuve. Que, si alguien realmente me gustaba, montaba un escenario diferente para que no sintieran que estaban ocupando el lugar de otro que vino antes. Y que luego, una vez más o menos establecidos, daríamos lugar a ser tal cual soy. Pues esa siempre fue la idea que tenía en la cabeza. Resulta que no. Bienvenido a la realidad. En la praxis más cotidiana, mis ideales quedan, justamente, en la esfera de lo ideal. Con nadie me comporté diferente. Y, he aquí la sorpresa, (en su mayoría) nadie se ha comportado de diferentes maneras conmigo. Cada puto que conocí y me interesó repitió de manera maravillosamente coreografeada los exactos mismos movimientos que el anterior interesante caso homosexual. Y no es que sean delirios míos. Para asegurarme de la arriesgada teoría, en la noche de ayer no dispusimos a tomar un vino con Ine y Ale, que son los principales testigos de mis crímenes, y cotejar un caso con el otro, para encontrar coincidencias y similitudes. Y sí, el famoso patrón existe.

La Teoría de los 15 Días
Increíble: reproducen una serie de movimientos con el paso de los días, luego de conocernos, que lo dejan a uno pensando si ese no le avisa por teléfono al otro lo que tiene que hacer. Como una azafata te dice en el avión como salvarte o dejarte a morir feliz en el medio de una emergencia.

La cosa es así:

1. Conocés a un puto (cualquier medio es posible, la internet fue fuente de alimento por mucho tiempo) (así que tomaremos de ejemplo un caso sacado de esta última). El puto se suma a alguna de tus redes sociales (feisbuc, emesene, tuiter, señal de humor, paloma mensajera…) y comienzan a conocerse tímida pero intensamente.

2. En el proceso de conocimiento el puto cree que sos maravilloso. Aproxima deseos de un encuentro feis chu feis, para terminar de convencerse (pues uno ya sabe de qué va… siempre el problemático es el otro, a saberse).

3.  El puto cree que definitivamente hay que conocerse. Se encuentran por fin. El puto es lo que nos esperábamos, y él piensa lo mismo. Hasta (en algunos casos) lo dice. El encuentro es maravilloso, vos hacés comentarios inteligentes, graciosos, exquisitos. El puto de alguna manera se siente un poco intimidado por tu manera de hablar, pero deja entrever que está todo más que bien. Y que le estás encantando.

4. Quieren jugar a ser sutiles y no les sale. Terminan besándose. Así y todo no queda bonito (después de tanto protocolo) ir a garchar como chanchos, así que prefieren dejar la revuelta sexual para otro momento. Los dos vuelven a sus aposentos calientes pero recubriendo los calores con mensajes de texto salidos de las manos de Carrie Bradshaw. (Alguno de los dos se va a arrepentir de lo que está diciendo. Pero ese es otro tema futuro.)

5. La semana transcurre adolescente. Mensajes y llamadas que confirman que un nuevo romance puede estar en puerta. El puto dice que sos maravilloso, que te adora (hubo casos en los que utilizamos el verbo “querer”) (sí… miedo), que le alegras sus días, que le cambias el humor, que le encanta hablar con vos, que está feliz de tenerte en su vida ahora y hace la (estúpida) pregunta “¡¿sos siempre así?!” todo el puto tiempo. Como si uno se estuviera comportando complaciente solo porque es un puto desconocido. ¡Pues claro que soy así imbécil! (Me fui… perdón).

6. Como estamos en la primera semana, amerita que sigamos con el histeriqueo, pero vamos más allá: nos permitimos un par de encuentros rápidos, porque nuestras agendas están apretadísimas. Y porque evitamos la intimidad. No se sabe por qué, pero la evadimos hasta nuevo aviso. El puto es histérico, pero a vos te encanta.

7. Casi termina la primera semana y lo evitable se vuelve inevitable: por fin concretan el tan apasionado encuentro. Atención a esto: no depende de que tan bien te portes, o que tan bien se porte él. De cualquier manera todo lo que sigue tiene que pasar. Yo creo que al momento se le ponen tantas expectativas, que termino prefiriendo garchar de una y al diablo con el diablo. Pero los tiempos mecánicos y los tiempos orgánicos a veces se confunden. Y una cosa termina funcionando como la otra.

8. El encuentro dio lugar a una intimidad inesperada. Los dos sienten algo. Pero no ha lugar a decirlo. Y si se dice algo, es sabido, se crucifican por un tiempo. En el caso “””hipotético””” que venimos tejiendo, hubo palabras. Y si hay palabras, ufff… no hay vuelta atrás, se está preestableciendo un contrato (social, moral… lo que se prefiera, hay algo implícito) que te ata al otro, sin quererlo.

9. Entre el octavo y el noveno día tu vida se vuelve una especie de limbo (tu vida amorosa, claro… tampoco es que uno es Nicole Kidman en alguna película épica y anda dando la vida por un desconocido) (me pregunto por qué se me vino Nicole Kidman a la cabeza…).  Acá es cuando aparece el caos dentro del orden que lleva este procedimiento de mierda. La segunda semana es lo peor. Se invierten los roles y si hasta el día de la fecha el puto venía llenándote de mensajes, mails y llamadas, ahora sos vos quien pasa a tener esas actividades. Empezás a sacarle lo mínimo positivo que podés encontrarle a un vínculo que no existe y que es absolutamente negativo. No te podés relajar, justamente, porque el otro te puso en un estado alterado que dista de la normalidad. Entonces, si te piden que te relajes, no puedo dejar de preguntarme ¿por qué todo no puede ser relajado desde un comienzo? si la otra persona decide ponerte en el olimpo de sus pelotudeces y conflictos diarios, te erige como el Žižek analista de sus nimiedades cotidianas ¿por qué es uno el que debe estar relajado? ¿desde qué lugar uno debe relajarse y con qué propósito? (sí sí… estoy escribiendo esto RELAJADISIMO).

10. Finaliza la segunda semana y, pisando los 15 días, uno pasó de ser alguien maravilloso, elegante, inteligente, cuidadoso, cariñoso y adorable a la protagonista de “Misery”. Así. Sin solución de continuidad. No es subjetivo, no no señor. Hasta tus amigos te empiezan a observar con esa mirada que va del miedo a la lástima.  Y el puto en cuestión, misteriosamente, está ultra ocupado, no tiene tiempo para nada, se le acabó el léxico “Los puentes de Madison” y no te larga una flor ni amenazándolo. Conclusión: el día 15 te diste cuenta que, en un juego de roles, él tomó el poder. Sabe que el irresistible no eras vos, sino él. Y qué, ahora, solo él maneja los tiempos. El día 15 es el día internacional de la resignación, de la bandera blanca, del baje de brazos. Es el peor, pero supongo el más sano. Y sí nos ponemos rebuscados hasta te diré que es más sano que el día 0.

Mañana seguiremos con la programación. Por si queda alguna duda: JP está oficialmente fuera de juego.

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Vive!!

Se dignó a “aparecer”. Un regreso maravilloso: un puto mensaje de texto!!!

¿Desde cuando la gente es tan cobarde? ¿Cómo es que la gente se esconde detrás de un mensaje de texto para vivir una vida? ¿Eso es vida?

JP
“Che! Cómo estás? Yo estudiando”

Deplorable

Me parece que vamos a cambiar la P de su apellido por una linda P grandote de PELOTUDO.

Buen Día!!! :)

Si modificara la idea principal de todo esto y cambiara el título de este blog, la cosa sería así:

“Cien pelotudos para Juanjo”

Sí. Arrancamos el día con un humor pésimo. Bety me hizo perder tiempo ayer contándome las huevadas que suceden cuando no estoy en la oficina (hay dos cosas que podría utilizar en contra del Gordo O.) (pero hoy me importa un carajo) y encima tuve que pagarle el almuerzo, porque creía que estaba en una situación de superioridad (lo dijo! “en este caso, Juan, estoy por encima tuyo… y eso no me pone cómoda, vistes?”).
Hoy es uno de esos días en que todos los hombres me parecen unos pelotudos. Hoy soy un cocktail de Martha Stewart con Joe Ramone.
Acaba de pasar por la puerta Nicolás. Hoy le pego a él.

Kill Ex Vol. 1

“Me lo transé, me le hice el lindo, lo llevé a casa y…” Así arrancó el Niño Pez el relato de su madrugada del 25. Dado que yo estuve ocupado entre el laburo (el fin de año implica que yo me convierta en pulpo por la inoperancia del resto) y mi nuevo objeto de estudio (ay qué bueno que está! Qué bueno que está! Qué bueno que está!) el encuentro con el Niño Pez se había hecho casi imposible.

Logramos coincidir en un bar irlandés por el Bajo (nos quedaba de pasada a los dos) y una vez congregados pudimos charlar tranquilos y confesarnos aquello que veníamos sintiendo y no lo decíamos: que nos caemos de maravillas mutuamente, pero como pareja no funcionamos. De hecho somos un desastre. Es la primera vez en mi vida que le puedo decir honestamente a alguien que podemos ser amigos. Pues claro, nos estábamos haciendo amigos.

Juanjo

“Explicame…”

Niño Pez

“Qué? Ah!”

Juanjo

“Dame detalles, bueno, no muchos, pero explicame. Porque te puedo asegurar que es lo peor que te puede pas..”

Niño Pez

“¿Me creés tan idiota?”

Juanjo

“Bueno. Contá”

Niño Pez

“Me lo transé, me le hice el lindo, lo llevé a casa y…”

Juanjo

“¿Yyyy?”

Niño Pez

“Y le hice fumar a mi vieja medio en pedo hablándole de tu padre”

Juanjo

“uh!”

Niño Pez

“Cuando se quiso ir, le propuse ir a mi habitación”

Juanjo

“ay no…”

Niño Pez

“ay sí. Ahí se tuvo que fumar a mi hermana hablándole sobre rupturas amorosas, cuernos, y otras yerbas”

Juanjo

“jejeje”

Niño Pez

“Cuando logró meterse en mi habitación me empezó con un mea culpa de borracho pelotudo, como si te estuviese hablando a vos!”

Juanjo

“eh?”

Niño Pez

“Me toqueteaba mientras te pedía disculpas a vos! Le dije que se relaje, le empecé a sacar la ropa… quedó desnudo…”

Juanjo

“No es vital… gracias”

 Niño Pez

“…e hice dos movimientos: tiré toda su ropa al patio del vecino y lo empujé de la habitación… ¡es muy maneable ese chico en pedo!”

Juanjo

“¿Quedó en bolas en tu casa?”

Niño Pez

“Ahá… en pelotas desesperado por su ropa. Por supuesto que mi madre lo vio y lo sacó cagando a la calle y ahí quedó… llorando re caliente en la vereda. En bolas”

Juanjo

“Podés ser muy malo”

Niño Pez

“Puedo ser peor. Brindo por vos Juan José Trolo”

Juanjo

“Torlo”

Niño Pez

“Torlo. Los pelotudos tendrán su merecido.”

Entre otros detalles me contó exactamente qué dijo acerca de lo acontecido en mi (ex) sillón. Pero no vale la pena reproducirlo. Ni él se lo cree. Así que sentí la encarnizada lucha contra los pelotudos del Niño Pez como una buena empresa. Divertida al menos.

Después de un par de pintas, nos retiramos cada uno a su hogar. Cuando llego a casa me puse a escuchar la importante cantidad de mensajes que estaban atascados en el contestador desde el 24 a la tarde. Los tres últimos fueron los más jugosos.

  • Santino preguntando por qué tengo celular si no lo uso. Y qué  me depara el 31.
  • (ahora) ex puteando y gritando.
  • Madre llamando URGENTEMENTE a reunión en su casa, porque “esto ya no me gusta nada juanjosétorlo”…

Juro que si la reunión gira en torno a mi ex, no le vuelvo a hablar por años.