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Sorpresa

Si algo amo de esta ciudad, es la multiplicidad de oportunidades que te da con solo dar la vuelta a la manzana. Claro, ustedes dirán “pero este pibe es un enfermo, no escribe en décadas, comenta de uno y ahora va a salir con otro”. Bien por ustedes: sí, soy un enfermo mental (o sentimental).

Marcos Ego iba a ser un buen capítulo en esta aventura (léase: ya pasamos de investigación a “aventura”), creo que es el puto más tipificable y detestable que he conocido en este último año. Nunca conocí a alguien que se concentrara tan pero taaaaaan bien en su propio ombligo. Bueno, mi (ahora) ex. Pero él es otro tema.

Con lo cual, muchas ganas de comentar el cómo (nos conocimos) y el por qué (de la “ruptura”) no me dan. Bueno, quizá sí lo último, pues la ruptura se desarrolla en medio de la aparición de un nuevo objeto de estudio. Pero la verdad es que Marcos resultó ser una persona tan estúpida (ok, puede ser un gran prejuicio… pero el muchacho es modelo de una marca de ropa para putos flaquitos que es un nombre de varón que empieza con F)  y superficial que en menos de quince días me tomé el derecho de comunicarle nuestra incompatibilidad. Obvio, el estaba sintiendo lo mismo. Así que esa historia se terminó y me pone RE mal. Por suerte en el medio de la conversación con Marcos (juro que parecía todo armado a propósito) me percaté que el tono de voz que estábamos utilizando era bastante elevado. Todo el mundo se empezó a dar vuelta y era testigos (o espectadores) de la conversación. Que no puedo tildar de violenta, pero sí de histérica y un poco estúpida.

Cuestión que nuestra novelita llamó la atención. Cuando me levanto para ir al baño siento que un cuerpo me persigue.

Entro al baño.

Cuerpo entra.

Hago lo que tengo que hacer (conmigo mismo, claro)

Siento que cuerpo merodea por el baño.

Juanjo tiene miedo. Recuerda que su celular quedó en su bolso.

Cuerpo sigue ahí.

Juanjo se decide a irse.

Cuerpo lo detiene.

Cuerpo está buenísimo.

Cuerpo saluda.

Juanjo se queda mudo.

Cuerpo
“¿Ya estás soltero o hay que esperar un rato más a que reconsideren?”

Juanjo
“….”

Cuerpo
“¿Ahora te quedás mudo?”

Juanjo
“Me..me…mmmtengo que ir”

Cuerpo
“¿Te puedo dar mail? acá, así no te comprometo”

Juanjo
“ooo…key”

Y me dió un sobre de azúcar que traía estratégicamente escondido en su mano. En el cual estaba escrito su dirección de e-mail. Y el sobre se me abrió en el bolsillo del pantalón, mientras caminábamos de vuelta con Marcos.

Y pensé que era una mala señal. Pero lo agregué de curioso en el emesene.

Libreeeee

Hacemos referencia a la canción. No así a la alegría que en sus estrofas envuelve. La canción me parece horrorosa. Estar libre, ahora, también.

Sí, tengo alguna especie de desorden mental. Una patología extraña de inconformismo (si anda algún psicólogo dando vueltas del otro lado pido por favor se me analize). Hasta la semana pasada creía que todo con Esteban ya estaba dicho. Explicación de los hechos:

  • La semana pasada (en realidad la otra) (bueno, en realidad desde que cené con los chicos) me percaté que tenía colgado el blog, y que necesitaba un poco de espacio para (al menos) darle un cierre a todo esto. Mis amigos sugerían cierre inmediato. Yo creí que no era tiempo para tal cosa.
  • La semana pasada Esteban comenzó a ponerse demandante. En buenos y hermosos términos, pero demandante al fin. Haciendo resúmen de lo que venía siendo el vínculo, me paré sobre lo más sensato de mi persona y creí que no debía seguir con la relación. Sin importarme el otro.
  • La semana pasada hice que alguien llegara a tener los ojos vidriosos (odio ese término, pero es bien descriptivo). Alguien a quien, de alguna manera, quiero.
  • La semana pasada dejé en claro que necesitaba estar solo.
  • Esta semana creo que no hice lo que debía.

Deber/poder….. Tener…. Mierda.

Me pregunto si era Esteban quien ratifique o rectifique la premisa original.